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04/07/2018 / Gisela Bühl / 1415

Navarra, País Vasco y Aragón son las comunidades que más apuestan por el estándar Passivhaus

Desde la Plataforma de Edificación Passivhaus (PEP) comentan que el estándar Passivhaus está introduciéndose en el mercado de las viviendas plurifamiliares en España y en los edificios de uso público. Si en un principio la totalidad de las obras se reducían a viviendas unifamiliares ahora existen multitud de proyectos en ejecución para urbanizaciones enteras.

El ahorro energético de hasta el 90% frente al de un edificio convencional convierte la construcción pasiva en atractiva para los promotores. Adelina Uriarte, presidenta de la Plataforma comentó que, ”también algunas administraciones autonómicas han apostado tanto por la rehabilitación como por la construcción de su parque de viviendas de protección oficial bajo estándar Passivhaus. Y el cambio de escala se completa con un cada vez mayor número de edificios de otros usos, como oficinas, equipamientos, dotaciones, colegios, hoteles, etc.”

Según las estadísticas de PEP, Navarra, País Vasco y Aragón son las comunidades españolas en las que más se ha apostado por la rehabilitación o la construcción de edificios bajo estándar Passivhaus para garantizar la edificación de consumo casi nulo en su entorno urbano y, especialmente, por lo que se refiere a los edificios de uso público. Entre las tres suman un 86% del total de los edificios certificados Passivhaus en entorno urbano del país. En la actualidad hay más de 77, unos 231.000m2 proyectos Passivhaus, en desarrollo en España.

“Lejos de lo que pudiera parecer, acometer bajo estándar Passivhaus este tipo de proyectos no es un problema. En algunas cuestiones presenta incluso ventajas porque, en general, los edificios de mayor dimensión tienen un mejor factor de forma, lo que permite que los niveles de aislamiento no difieran tanto con respecto a los de un edificio estándar. Sí es importante la correcta definición del perfil de uso del edificio, así como un correcto diseño de sus instalaciones para optimizar las mismas, ya que deben hacer frente a demandas energéticas sensiblemente inferiores a las que estamos acostumbrados. Instalaciones más reducidas suponen también un mantenimiento más sencillo y económico de las mismas”, explica Uriarte.

En este sentido, en los grandes edificios y espacios de uso público, pese a su mayor complejidad, es mucho más fácil reducir la inversión inicial de un edificio pasivo -estimados entre el 3% y el 8% en el peor de los casos-, pudiéndose incluso llegar a una inversión inicial nula.  En cualquier caso, el ahorro energético a lo largo de la vida útil del edificio -sobre todo en determinados usos más intensivos- es mucho mayor que en un edificio no pasivo, por lo que los habituales períodos de amortización (entre 5 y 10 años) se alcanzan sin problemas.

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