La ejecución de una solera o losa de cimentación ahora toma un nuevo punto de vista aparte de su función estructural. Ya no solo tenemos que ser conscientes del agua que puede ascender por capilaridad o del temido nivel freático, debemos de ser conscientes de los gases emanados del terreno.
No hace mucho que salió la revisión del CTE, que incluye un nuevo apartado en el Documento Básico de salubridad; la sección 6 “Protección frente a la exposición al radón”.
- ¿Al qué?
- Al gas Radón.
Parece ser que el CTE nos ha hecho percatarnos de un player que algunos de nosotros no teníamos presente. El gas radón es un elemento radioactivo, considerado la causa número uno de cáncer de pulmón en no fumadores según United States Enviromental Protection Agency (EPA).
Emana de algunos tipos de rocas como son el granito, pizarras o esquistos y se cuela en nuestras casas por pequeños huecos o irregularidades del cerramiento. ¡Incluso puede llegar a pasar por materiales porosos! Es también la segunda mayor dosis de radiación absorbida por materia viva, por detrás de las pruebas médicas.
Este gas, no suele presentar niveles altos al aire libre, pero tiende a acumularse en las viviendas y puede dar lugar a concentraciones elevadas
Con un diseño cuidadoso y ejecución con esmero, las protecciones contra el gas radón se pueden incluir de manera que causen un bajo impacto sobre el presupuesto de ejecución de edificios de obra nueva y rehabilitación.
La manera de generar la menor repercusión sobre nuestras partidas es hacer un dos por uno: Barrera de radón y lámina impermeable. Las láminas de betún modificado cumplen estas dos condiciones y no por su doble función encarecen su precio.
Combinando la previsión de la barrera, elección del material adecuado y una ejecución en manos de un profesional, una lámina bituminosa cumple holgadamente con las funciones antes mencionadas.
De ahora en adelante, es posible que las personas que compren una vivienda, ya sea de obra nueva o no, y esta se encuentre en zonas de riesgo, consideren que el edificio ya viene con las medidas adecuadas de protección, pero... ¿y si no es así?

¿Cómo puedo saber si estoy afectado?
El CTE nos proporciona una lista de municipios que diferencia como “Zona 1” y “Zona 2”. También existen herramientas online que proporcionan mapas interactivos para ver con precisión si nuestra zona está afectada.
Estas zonas se diferencian según el promedio anual de concentración de radón en el interior de los edificios. Este valor, el CTE lo fija en 300 Bq/m3 (Becquerel por metro cúbico de aire).
¿Y que es un bequerelio? Más de uno se estará preguntando. Es el número de desintegraciones de núcleo atómico por segundo. Un edificio con mediciones superiores a los 300 Bq/m3 es comparable a fumar 16 cigarrillos al día.

Barreras de protección
En un edificio de nueva construcción, es relativamente fácil la instalación de estas barreras siempre que se hayan considerado y planificado con antelación.
Se pueden encontrar muchos métodos para lograr una protección al gas radón, pero podemos resumirlos en sistemas pasivos y sistemas activos. Los sistemas pasivos consisten en barreras de protección mientras que los sistemas activos proporcionan ventilación natural o forzada bajo solera o forjado sanitario, integrado en las instalaciones del edificio. Debemos de ser conscientes que los sistemas activos repercutirán sobre presupuesto de mantenimiento a lo largo de la vida del edificio, ya que requieren de un mínimo mantenimiento y consumo eléctrico en caso de ser mecánicos.
Como hemos comentado antes, algo tan tradicional y maduro en el mercado como una lámina bituminosa es capaz de ejercer las funciones de esta barrera. Debemos de sopesar el tipo de lámina que instalaremos, ya que es posible que, en operaciones posteriores, la lámina vaya a sufrir acciones mecánicas, trabajos de ferralla, vertido y vibrado del hormigón etc.
En obra de rehabilitación donde se esté actuando sobre cimentaciones tenemos el ejemplo perfecto de cómo podemos protegernos. Si la intervención pasa por la demolición de la solera podemos actuar con facilidad, ya que al volver a construirla nos encontramos en ocasiones en el mismo punto de partida que en obra nueva.
También se debe de prestar especial atención a la hora de la ejecución de la membrana, la pericia del instalador es un factor clave ya que debemos asegurar un correcto sellado de los solapes debido a que nos estamos protegiendo de un gas. Ya no solo son las molestias por humedad, filtraciones, goteras o posibles patologías que pueda sufrir el edificio derivadas de estas, sino la salud de quienes lo habitarán. Pequeños errores de instalación pueden hacer que, en áreas con abundante presencia de radón, se sufran consecuencias negativas.
Los solapes: el elemento crucial. Al utilizar fuego para fundir el betún conseguimos uniones estancas. Otros tipos de uniones, como cintas adhesivas, pueden tener problemas derivados del frio o la humedad. Si el agua es capaz de colarse por sitios inesperados no hablemos de un gas. Tanto las membranas como las bandas de refuerzo y materiales que se usen para remates han de tener valores iguales o superiores a los anteriormente indicados.
Nuestra barrera podrá ser colocada por debajo o por encima del elemento horizontal. Al colocar la membrana en la parte inferior, evitamos la contaminación del elemento y la dispersión del gas a través de la porosidad de los paramentos colindantes. En el caso contrario, haremos lo que esté en nuestras manos para sellar la barrera de radón en los muros. Este sellado se podría dejar a modo de rodapié. Al hacer esto debemos de ser conscientes de que como gas que es, contaminará también los muros y pasará a través de fisuras y grietas. Nuestro objetivo, en caso de no poder contenerlo del todo, es disminuir su presencia al mínimo.
Esta barrera podría sufrir acciones mecánicas sobre ella una vez ejecutada, y es que la obra es un entorno inhóspito: ejecución de ferralla, tránsito de operarios, vertido y vibrado del hormigón, etc. Son cientos las agresiones que puede sufrir el material y por ende debemos de saber elegir el adecuado y cómo protegerlo.
Las láminas bituminosas con armaduras de poliéster modificadas con polímeros SBS son nuestras aliadas. Ofrecen unas propiedades elásticas junto a resistencias mecánicas excelentes. Estos materiales se instalan completamente soldados al soporte y entre sí, consiguiendo un conjunto uniforme de material con un coeficiente de difusión muy bajo y espesor suficiente para no tener que calcular la exhalación según CTE.
Estos valores se resumen a un coeficiente de difusión al radón, ensayado por entidades acreditadas, de 10-11 m2/s o menor y espesor de la barrera mayor o igual a 2 mm.
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Conclusiones
Sabiendo a lo que nos exponemos y las herramientas que tenemos a nuestra disposición para protegernos, los planes de mitigación nos ayudarán a no solo cumplir normativa sino saber que las personas que habiten en estos edificios se mantendrán seguras a lo largo de la vida del edificio.
Si queremos concretar las herramientas que tenemos a nuestra disposición, recomiendo acudir al departamento técnico de Danosa, donde nos atenderán con gusto, facilitando la información necesaria.

Artículo escrito por:
Adolfo Galán
Responsable del Área de impermeabilización bituminosa y claraboyas
,Danosa