Revista Ecoconstrucción Mayo-Junio 2026

ECOCONSTRUCCIÓN mayo - junio 26 • 61 interiorismo  incoherente, según esta teoría psicológica, no asegurar totalmente el nivel 1 (y pos- teriormente el 2 y el 3) antes que el 4 –el aprendizaje–. El reciente International Symposium of Environmental Quality in Educational Spaces, in-SiEqES, celebrado en la ETSAM –Escuela Técnica Superior de Arquitectos de Madrid– de la Universidad Politécnica de Madrid, ha puesto el foco precisamente en esa relación entre espacios interiores, salud, bienestar y aprendizaje. La calidad ambiental interior está generando conoci- miento, datos y discusión interdisciplinar en torno a variables que afectan de manera directa a la vida diaria en los edificios: cali- dad del aire, confort térmico, iluminación, acústica, contaminantes interiores y exte- riores, materiales, hábitos de uso y condi- ciones de operación. Sin embargo, mientras la evolución científica y del conocimiento en torno a la CAI avanza con rapidez, en el proceso de traducción a decisiones de inversión –en forma de presupuestos, licitaciones, rehabilitaciones, mantenimiento y gestión pública– hay algún eslabón perdido. Subir de nivel manteniendo la base Cada intervención sobre la climatización, la ventilación, la filtración, el control o la envolvente influye de manera simultánea sobre energía, huella de carbono y calidad ambiental interior. Una mejora de la estanqueidad modifica las infiltraciones, pero si la ventilación no se ajusta en consecuencia, puede produ- cirse el síndrome del edificio enfermo (un conjunto de síntomas inespecíficos, como dolor de cabeza, fatiga, irritación de ojos o vías respiratorias) que sufren los ocupan- tes de un recinto cerrado, originados por la mala calidad del aire o el diseño del lugar. Una estrategia de ahorro energético condiciona caudales, horarios y modos de funcionamiento. La selección de filtros afecta a salud, presión disponible, mantenimiento y con- sumo. La regulación y el control determi- nan la respuesta del edificio ante ocupación real, contaminación exterior, temperatura, humedad o necesidades cambiantes. La rehabilitación energética necesita una lectura completa del edificio. Reducir consumo y emisiones constituye una prio- ridad indiscutible. Las decisiones adopta- das para alcanzar ese objetivo determinan también las condiciones ambientales que encontrarán los ocupantes durante déca- das. La calidad de una intervención se mide en salud, energía, carbono, con- fort, costes operativos y capacidad de verificación. La calidad del aire interior ocupa un lugar singular dentro de esa ecuación. Respirar pertenece al primer escalón. En un edificio, ese primer escalón depende de sistemas técnicos concretos: ventilación, filtración, recuperación de calor, climatización, sen- sores, regulación, control, mantenimiento y supervisión. Depende también de crite- rios de diseño, de una operación rigurosa y de una cultura de medición que permita conocer qué ocurre en uso real. Durante años hemos aprendido a medir la energía de los edificios: indicadores, calificaciones, emisiones previstas y consumos. Esa exigencia debe alcanzar también a la calidad ambiental interior. Los centros educativos deben evolucionar añadiendo el eslabón entre conocer el detalle su compor- tamiento energético y, al mismo tiempo, desconocer parámetros clave sobre el aire que respiran alumnos y docentes durante buena parte del día. El desarrollo, la concentración, la produc- tividad, el aprendizaje y el bienestar des- cansan sobre las condiciones higiénicas del escalón base. La investigación sobre espacios educativos resulta especialmente valiosa porque concentra preguntas que después alcanzan al conjunto del parque edificado. • Cómo medir. • Qué contaminantes vigilar. • Qué relación existe entre ambiente interior y salud. • Cómo combinar eficiencia energética y calidad ambiental. • Cómo gestionar el aire exterior en ciu- dades con episodios de contaminación. • Cómo trasladar datos a decisiones operativas. • Cómo mantener prestaciones durante toda la vida útil del edificio. DesdeAFEC llevamos tiempo insistiendo en esta visión integradora de instalaciones HVAC. La climatización, la ventilación, la filtración, la recuperación de calor, la regu- lación y el control forman parte de una misma arquitectura técnica, cuyo valor aumenta a medida que sus resultados pueden comprobarse. La calidad ambiental interior exige diseño, ejecución impeca- ble, y mantenimiento profesional pautado y presupuestado y verificación, producto, instalación, operación, mantenimiento y verificación. También exige políticas públi- cas capaces de transformar evidencia téc- nica en criterios aplicables. La transición energética de los edifi- cios está movilizando normativa, inver- sión y conocimiento. Esa transformación gana solidez cuando se refuerza la base de la pirámide: las condiciones higiénicas y ambientales que sostienen la actividad humana dentro de los espacios. La descar- bonización del parque edificado y la mejora de la calidad ambiental interior actúan sobre los mismos edificios, las mismas instalaciones y las mismas decisiones. La calidad del aire interior merece entrar en los presupuestos con la misma naturali- dad con la que ha entrado en los congresos científicos. Merece aparecer en los plie- gos, en las estrategias de rehabilitación, en los planes de mantenimiento y en la gestión de centros educativos. El aire que respiramos dentro de aulas, oficinas, residencias u hospitales perte- nece al primer escalón de cualquier política seria de edificación. Maslow dejó escrito que las necesida- des humanas tienen un orden. Los edi- ficios donde desarrollamos nuestra vida cotidiana deberían recordarlo con la misma precisión: la base de la pirámide se sos- tiene cada día. 

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