Activar el patrimonio no es renunciar a él, es entenderlo mejor

tribuna jubenial

El debate sobre la vivienda en España se renueva con soluciones como la nuda propiedad y la venta con alquiler vitalicio, ofreciendo liquidez y estabilidad sin perder el hogar. Además, estas opciones presentan ventajas fiscales para los mayores, ampliando el enfoque más allá de lo puramente inmobiliario

El debate sobre la vivienda en España, durante años, se ha planteado en términos binarios: comprar o vender, mantener o desprenderse. Sin embargo, la realidad actual exige un enfoque mucho más sofisticado. Vivimos más, el sistema de pensiones afronta tensiones crecientes y el patrimonio de una gran parte de la población está concentrado en un único activo: su vivienda.

El resultado es una paradoja cada vez más evidente. Hay patrimonio, pero no siempre hay liquidez. Hay estabilidad residencial, pero no necesariamente margen económico. Y en ese desequilibrio es donde empiezan a surgir nuevas soluciones.

La nuda propiedad, la venta con alquiler garantizado o las rentas vitalicias no son fórmulas nuevas, pero sí lo es la forma en la que debemos entenderlas: como herramientas de gestión patrimonial. El error ha sido analizarlas desde el prejuicio. Asociarlas a decisiones forzadas o a situaciones límite. Cuando, en realidad, bien estructuradas, representan capacidad de decisión, planificación y control.

Activar el patrimonio inmobiliario implica optimizarlo. Cuando una persona decide vender su vivienda manteniendo el derecho de uso, no está perdiendo su hogar. Está transformando un activo ilíquido en recursos que le permiten vivir con mayor tranquilidad, sin alterar su proyecto de vida. En definitiva, está tomando una decisión financiera consciente. Un matiz clave que desplaza el foco desde la necesidad hacia la estrategia.

España es uno de los países con mayor concentración de patrimonio inmobiliario en Europa, de hecho, más del 90% de las personas mayores son propietarias de su vivienda. Sin embargo, ese patrimonio permanece, en muchos casos, inmovilizado mientras las necesidades cambian y la incertidumbre económica aumenta.

En este contexto, soluciones como la nuda propiedad o la venta con alquiler vitalicio permiten resolver una tensión estructural sin romper el equilibrio personal. Generan liquidez sin obligar a abandonar el hogar y aportan estabilidad sin exigir decisiones traumáticas.

Su valor está, además de en la liquidez que generan, en la libertad que aportan.

Libertad para complementar ingresos, para afrontar imprevistos, para ayudar a la familia o, simplemente, para vivir con mayor margen. Libertad para decidir cómo y cuándo activar el patrimonio construido durante toda una vida.

Y hay un elemento que suele quedar fuera del debate público, pero que cobra especial relevancia en momentos como el actual, con la campaña de la declaración de la renta en marcha: el tratamiento fiscal de estas operaciones.

En muchos casos, las soluciones de monetización patrimonial cuentan con ventajas fiscales relevantes para las personas mayores. La venta de la vivienda habitual por mayores de 65 años, por ejemplo, puede estar exenta de tributación en el IRPF. En las rentas vitalicias, solo una parte del rendimiento tributa en función de la edad, lo que reduce de forma significativa la carga fiscal. Lo que permite generar liquidez y hacerlo de forma eficiente desde el punto de vista tributario.

Entender esta dimensión es necesario, ya que convierte estas decisiones en algo más que una operación inmobiliaria, las sitúa en el terreno de la planificación patrimonial.

Ahora bien, para que estas soluciones cumplan su función, el mercado debe evolucionar.

El principal riesgo está en cómo se explican y se comercializan estos productos. Si una operación no puede entenderse con claridad, no debería formalizarse. Si la persona no comprende qué cede, qué mantiene y cuáles son los escenarios futuros, no hay decisión informada.

Por eso, el estándar no puede ser solo financiero. Tiene que ser también ético. Hablar de liquidez ética no es una cuestión de lenguaje. Es una forma de estructurar el mercado. Significa eliminar la presión, garantizar la transparencia y acompañar a la persona en todo el proceso. Significa que la autonomía del propietario no es el resultado, sino el punto de partida.

Además, existe la dimensión intergeneracional, que siempre se tiene que incorporar al análisis.

En un entorno donde el acceso a la vivienda es cada vez más complejo, muchas familias buscan fórmulas que les permitan apoyar a sus hijos sin comprometer su propia estabilidad. Activar el patrimonio puede convertirse en una herramienta para equilibrar presente y futuro, sin necesidad de elegir entre uno u otro.

El reto, por tanto, es cómo estas soluciones se integran en el sistema con rigor, profesionalización y garantías. Y es que el futuro del mercado inmobiliario pasa por la transacción y por la capacidad de ofrecer soluciones más flexibles, adaptadas a la realidad demográfica y alineadas con las necesidades de las personas.

Y en ese cambio, marcará la diferencia entender que el patrimonio no es solo lo que se posee, sino lo que se es capaz de hacer con él.

Artículo escrito por:
Rodolfo Nevado Cofundador Jubenial