La acústica no se añade, se diseña

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Más del 20% de europeos sufre daños por ruido; la solución eficaz exige diseño acústico riguroso desde el inicio, no solo elegir productos al azar, destaca Danosa con su nueva gama AUDAL.

Uno de cada cinco europeos vive expuesto a niveles de ruido que perjudican su salud. Con ese punto de partida, la acústica de un edificio no puede resolverse eligiendo un producto del catálogo cuando la obra ya está en marcha. Necesita base física, una especificación rigurosa y una ejecución cuidada. Y necesita fabricantes que no pierdan el foco técnico cuando aprieta el objetivo de ventas.

 

Un problema de salud que se mide en decibelios

Solemos hablar del ruido como de una molestia, algo con lo que no queda más remedio que convivir. Los datos dicen otra cosa. Según el informe Environmental noise in Europe 2025 de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), más de uno de cada cinco europeos está expuesto a niveles de ruido perjudiciales para la salud. Con los criterios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la proporción supera el 30 %: casi uno de cada tres.

Esos criterios son los de las guías de ruido ambiental que la OMS publicó en 2018 para la Región Europea. Para el tráfico rodado, la fuente más extendida, recomienda no superar 53 dB Lden de media ni 45 dB durante la noche. Ambos valores quedan por debajo de los umbrales con los que la normativa europea evalúa la exposición, 55 dB Lden y 50 dB Lnight, y no es un matiz menor: los efectos sobre la salud aparecen antes de lo que reflejan muchos mapas de ruido.

Las consecuencias están cuantificadas. La AEMA atribuye cada año al ruido del transporte unas 73.000 muertes prematuras en Europa, 49.000 nuevos casos de enfermedad cardiovascular y 23.000 de diabetes tipo 2. Calcula además que 4,6 millones de personas sufren alteraciones graves del sueño y que se pierden 1,5 millones de años de vida saludable, con un coste de al menos 100.000 millones de euros al año. Entre los riesgos ambientales para la salud, solo la contaminación del aire y los factores ligados a la temperatura pesan más.

En España el problema es todavía más visible. En 2023, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, el 23,6 % de la población declaraba problemas de ruido de vecinos o del exterior, frente al 18,1 % de media en la UE y 8,6 puntos más que en 2012.

Ese último dato me parece especialmente revelador, porque suma el ruido de la calle y el del propio edificio: el vecino de arriba, la televisión del salón contiguo, el ascensor, las bajantes o la máquina de climatización de la cubierta. Contra buena parte de ese ruido, la herramienta más eficaz no está en una ordenanza, está en lo que se decide en proyecto y se ejecuta en obra. Por eso el aislamiento acústico merece más atención de la que suele recibir: de él dependen el descanso, la salud y la convivencia de quienes viven, trabajan, estudian o se recuperan dentro de un edificio.

 

Hambre comercial: en acústica no todo vale

Precisamente porque el problema es serio, quiero detenerme en un riesgo que en la industria conocemos bien. Cuando aprietan los objetivos de venta, la tentación es ampliar gamas a toda prisa, simplificar el mensaje y competir por precio o por el número más llamativo de la ficha técnica. Poco a poco, el producto acústico se trata como un commodity, intercambiable por otro que «hace lo mismo» y cuesta menos. Nadie en el sector está a salvo de esa tentación, tampoco nosotros.

El problema es que en acústica no todo vale. Detrás de cada solución hay física: la ley de masa, la frecuencia de resonancia de un sistema masa-muelle-masa, la rigidez dinámica de una lámina antiimpacto o el coeficiente de absorción acústica de un absorbente. Ninguna de esas variables se negocia en una reunión comercial.

Cuando un producto se elige solo por precio, o se prescribe por un valor de laboratorio sacado de contexto, quien paga la diferencia es el usuario, que descubre el problema cuando ya vive en la vivienda. Con él lo pagan el promotor que recibe la reclamación y el técnico que firmó el proyecto. Y, a medio plazo, el propio mercado, que pierde confianza en una categoría de producto que debería transmitir justo lo contrario.

Por eso me gusta resumirlo en una idea: hay que vender con guante comercial, pero con mano de técnico. Conocer el mercado y saber comunicar es imprescindible; renunciar al rigor para cerrar una venta, no.

 

De lo normalizado a AUDAL

En Danosa esa idea forma parte del nombre. La compañía nació en 1964 como Derivados Asfálticos Normalizados, con la vocación de fabricar productos que cumplieran la normativa específica, como indica su propia denominación. Seis décadas después, esa palabra, normalizado, sigue resumiendo una manera de trabajar: productos ensayados, documentados y que hacen lo que dicen.

Con esa base hemos planteado en acústica una estrategia de diferenciación con dos objetivos: proteger el valor prestacional de los productos y adelantarnos a la normativa que viene. Los valores límite del DB-HR, como los 50 dBA de aislamiento a ruido aéreo exigidos a un recinto protegido frente a otra unidad de uso o el máximo de 65 dB de nivel de ruido de impactos, siguen siendo los que se fijaron en 2007, y en el sector empiezan a escucharse ecos de un endurecimiento de las exigencias acústicas.

En paralelo, la normativa ambiental ya no es una recomendación. La Directiva europea de eficiencia energética de los edificios obliga a calcular y declarar el potencial de calentamiento global a lo largo del ciclo de vida de los edificios nuevos de más de 1.000 m² a partir de 2028, y de todos los edificios nuevos a partir de 2030. El nuevo Reglamento europeo de Productos de Construcción, por su parte, incorporará de forma progresiva la información ambiental a la declaración de prestaciones y de conformidad, empezando por ese mismo indicador. Un producto acústico tendrá que demostrar cuánto aísla y también cuál es su huella, y por eso parte de nuestra gama acústica ya cuenta con Declaración Ambiental de Producto verificada y se están promoviendo certificaciones con un valor ambiental más elevado.

De ese análisis nace AUDAL, la marca de Danosa dedicada en exclusiva al aislamiento acústico, que presentamos en Rebuild 2026. Darle una marca propia responde a algo más que a una cuestión de imagen. Esta gama necesita una atención particular y dedicada, con su propio desarrollo de producto, su propia prescripción y un plan de negocio para los próximos años.

AUDAL incorpora familias de mayor valor añadido y prestaciones mejoradas, junto con desarrollos propios y soluciones patentadas. Se apoya en la confianza que Danosa se ha ganado en más de dos décadas de liderazgo en el mercado acústico, ahora con una imagen adaptada a los nuevos tiempos. Queremos que los profesionales que más saben de acústica la tengan como su marca de confianza.

 

Todo empieza por el ruido

Puede parecer una obviedad, pero el origen de la acústica es el ruido. Buena parte de los errores de especificación nacen de pensar primero en el producto y después en el problema. Por eso AUDAL ordena su propuesta a partir del tipo de ruido, tanto para los problemas del día a día como para los proyectos más exigentes.

El ruido aéreo viaja por el aire y atraviesa fachadas, tabiques y forjados: conversaciones, televisión, música, tráfico. El ruido de impacto nace de pisadas, caídas de objetos o arrastre de mobiliario y se transmite sobre todo por la estructura, de modo que la resolución de perímetros y encuentros se vuelve decisiva. Y luego están las vibraciones, cada vez más presentes.

La electrificación de los edificios ha llevado a cubiertas y patios cada vez más bombas de calor y equipos de ventilación, y la construcción avanza hacia sistemas más ligeros e industrializados. Menos masa implica, por pura física, más dificultad para aislar las bajas frecuencias y más sensibilidad a impactos y vibraciones. En ese escenario, el desacoplo elástico tiene que estar en el proyecto desde el principio, no añadirse cuando llega la primera queja.

Una misma queja, «se oye al vecino» o «retumba el techo», puede tener orígenes distintos. Identificar la fuente y la vía de transmisión es el primer paso; el segundo, leer bien los descriptores. RA, ΔLw, αw o DnT,A responden a fenómenos diferentes, unos se obtienen en laboratorio y otros en el edificio terminado, y no son intercambiables. Un coeficiente de absorción excelente, por ejemplo, no dice nada sobre el aislamiento entre dos viviendas. Elegir por el número más alto de la ficha, sin relacionarlo con el tipo de ruido, el elemento constructivo y el uso del edificio, es una de las formas más rápidas de equivocarse.

 

Mastering Acoustics: ordenar la complejidad

La acústica siempre ha sido una gama compleja de prescribir, con muchos productos, muchos descriptores y muchas combinaciones posibles. Por eso el segundo gran objetivo de AUDAL ha sido simplificar sin perder rigor. Lo hemos hecho con Mastering Acoustics, un catálogo que organiza el porfolio por tipología de proyecto y no por referencia de producto.

El técnico parte de lo que tiene sobre la mesa, ya sea una vivienda, un hotel, un centro educativo o sanitario, un local de actividad o una sala audiovisual, en obra nueva o en rehabilitación, y llega a soluciones de sistema, no a productos sueltos. El nombre no es casual: dominar la acústica es, en el fondo, tener el control del sonido.

 

Del laboratorio a la obra

El último reto es que lo previsto en proyecto llegue al edificio construido. Un ensayo de laboratorio permite comparar soluciones en condiciones controladas, pero la obra añade tolerancias, flancos estructurales, pasos de instalaciones y varios oficios trabajando a la vez. Basta un tabique rígidamente unido al forjado, dos cajas de mecanismos enfrentadas o un rodapié que toca el suelo flotante para que el resultado medido quede lejos del esperado.

Por eso entendemos que el trabajo del fabricante no termina en la ficha técnica. La continuidad del sistema, la resolución de juntas y encuentros y el desacoplo donde haga falta pesan tanto como el propio material, y tienen que quedar definidos antes de que empiece la obra.

Volviendo al principio: cuando hablamos de ruido hablamos de salud, de descanso y de convivencia. Eso pide algo más que un material elegido a última hora; pide una estrategia en la que producto, sistema, detalle y ejecución van juntos desde el primer plano. La acústica no se añade al final de un proyecto. Se diseña desde el principio.

Artículo escrito por:
Álvaro Martínez de Marcos Head of Product & Portfolio Danosa