Cuando el calor se convierte en una parte inevitable del trabajo

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El incremento de episodios de calor extremo durante los veranos ha transformado la conversación en torno al impacto en la salud laboral. Empresas y trabajadores buscan soluciones que ofrezcan protección y comodidad.

Hay conversaciones que llevan años debatiéndose en perfil bajo en el sector y que, de repente, cobran otra dimensión. La del calor durante las jornadas laborales es una de ellas. No porque sea nueva, sino porque los veranos de los últimos años han hecho que ya nadie pueda tratarla como algo secundario. Según el Ministerio de Sanidad, en el verano de 2025 los episodios de calor extremo de alto riesgo aumentaron un 73 % respecto a 2024. Y el INSST estima que durante las olas de calor los accidentes laborales crecen cerca de un 17 %. Son datos que, en el día a día de una obra (o cualquier trabajo expuesto a la luz solar), se traducen en factores concretos: un trabajador que aguanta peor el ritmo a partir de las once, que se despista más, que llega a casa agotado de una manera diferente a la del esfuerzo físico habitual…

Desde mi posición, trabajando en el desarrollo de producto para un sector como la construcción y la obra pública (entre otros), noto que algo está cambiando en cómo se afronta este problema. Y no tanto desde arriba, desde las normativas o los pliegos, sino desde abajo: desde los propios profesionales, que cada vez preguntan y saben más. El trabajador de hoy no acepta cualquier remedio. Sabe distinguir una prenda que le ayuda de verdad de otra que simplemente cumple el expediente.

 

Lo que pide de verdad el mercado

En la misma línea, durante los últimos años se ha notado un cambio claro en lo que nos piden las empresas cuando renuevan sus dotaciones de ropa de trabajo. Hace no mucho, la conversación giraba casi siempre alrededor de la resistencia y la visibilidad. Ahora aparecen otros criterios, como que transpire, que no acumule calor, que el trabajador pueda llevarla ocho horas sin que se convierta en un problema. Y cada vez más, también se cuestionan el origen de los materiales, si los tejidos son reciclados o si cumplen con certificaciones ambientales.

Esto remarca que el sector está madurando y evolucionando muy rápido. Las personas que toman decisiones de compra como responsables de prevención, jefes de obra o departamentos de compras, están incorporando criterios que antes no existían (o no tenían tanta relevancia) en la conversación. Y eso nos obliga a nosotros, como fabricantes, a ir siempre por delante para poder ofrecer el mejor servicio.

 

Cómo estamos respondiendo

En Velilla -igual que muchas otras empresas del sector- llevamos tiempo trabajando en esta dirección. Parte de nuestro trabajo en el área de producto es precisamente escuchar lo que nos llega del campo y trasladarlo al tejido, a la confección, al diseño. Y lo que hemos ido incorporando responde a esas necesidades reales.

En este sentido, hemos incorporado prendas certificadas bajo la norma EN 13758-2, que garantizan protección frente a la radiación UVA y UVB. Aunque la normativa establece como máximo un valor UPF 40+, en la práctica todas nuestras prendas superan este umbral, alcanzando niveles de máxima protección de hasta UPF 50+.

Además, contamos con líneas con certificación GRS (Global Recycled Standard), que acredita el contenido reciclado como las fibras recicladas de PET postconsumo -plástico recuperado transformado en hilo- y con construcciones técnicas como el Micro bird-eye, que gestionan la humedad de otra manera: evacuan el sudor con más eficacia, reducen la sensación de calor y permiten aguantar mejor las jornadas de alta intensidad. Son dos decisiones que van de la mano: sostenibilidad y rendimiento técnico, sin tener que elegir entre uno y otro.

En cuanto al diseño, hemos puesto el foco en la ergonomía real con patrones pensados para posiciones de trabajo exigentes, costuras que no rozan donde molestan, sistemas de cierre que no retienen calor. Son detalles que solo se entienden bien si alguien los ha probado de verdad en obra, y eso también forma parte de cómo desarrollamos el producto.

 

Una evolución que todavía tiene recorrido

La industria del vestuario laboral todavía tiene trabajo por delante, y mucho margen de mejora. Hay categorías de producto donde la innovación técnica ha llegado antes y otras donde avanza más despacio. Y existen empresas del sector que están integrando estos criterios con rapidez, lo que demuestra que el cambio es posible y que cada vez aparecen más espejos en las que mirarse.

Lo que sí creo firmemente, después de años de experiencia en esto, es que la dirección está hoy muy clara. El profesional que trabaja al sol en agosto no va a conformarse con menos de lo que necesita, y las empresas que lo emplean lo saben. La conversación sobre qué ropa se lleva a la obra ya no es la misma que hace diez años, y en los próximos diez va a cambiar todavía más. Nuestra responsabilidad, como fabricantes, es estar a la altura. Y la de quienes compran, exigirlo.

Artículo escrito por:
Arantxa Crucelegui Responsable del área de Producto Velilla Group