En pleno año 2025, hablar de igualdad sin abordar la cuestión de la accesibilidad es quedarse a medias. Aún hoy, miles de personas con movilidad reducida se enfrentan cada día a obstáculos tan cotidianos como una escalera, un bordillo o una entrada estrecha.
Para muchos son barreras invisibles, pero infranqueables para quienes dependen de una silla de ruedas, un bastón o simplemente han perdido agilidad con la edad. Y lo cierto es que esas barreras no solo limitan el movimiento, sino también sus derechos, oportunidades y, sobre todo, independencia.
Eliminar las barreras arquitectónicas no es solo una cuestión técnica o estética, es un compromiso con la igualdad, que hace posible que todos podamos participar en la vida social, laboral y cultural sin restricciones. Pero, al mismo tiempo, es una inversión inteligente, pues los espacios accesibles a una parte importante de la población: personas con movilidad reducida, mayores, familias con carrito de bebé o personas lesionadas. En definitiva, a toda la sociedad.
Accesibilidad: una necesidad creciente
España es uno de los países europeos con mayor esperanza de vida, y eso significa que cada vez más personas necesitarán soluciones que faciliten su movilidad en el hogar y en los espacios públicos. Sin embargo, según el INE, más del 60% de los edificios residenciales no son accesibles. Esto se traduce en un problema de carácter urgente: millones de ciudadanos viven literalmente encerrados en sus propios hogares o dependen de la ayuda de terceros para algo tan básico como salir a la calle.
La accesibilidad no debería ser un privilegio, sino un derecho garantizado. Pero para hacerlo posible, hace falta una visión práctica y soluciones adaptadas a cada caso. Y ahí es donde empresas especializadas en movilidad como Stannah desempeñan un papel clave.
Soluciones que cambian vidas
El objetivo es claro: eliminar barreras arquitectónicas y devolver la autonomía a las personas con soluciones de movilidad como la silla salvaescaleras o el ascensor unifamiliar, dos herramientas que combinan innovación, seguridad y diseño para transformar espacios en lugares accesibles y confortables.
Las sillas salvaescaleras, por ejemplo, integran motores de tracción eficientes, baterías de larga duración y sistemas de seguridad que garantizan su uso, incluso en caso de cortes de suministro. Su capacidad técnica es uno de sus valores diferenciales: pueden instalarse en escaleras rectas, curvas, estrechas, largas o en espiral. Las guías se diseñan a medida mediante modelado digital, permitiendo un ajuste milimétrico sin alterar la estructura de la vivienda. Es una solución ideal para viviendas unifamiliares o comunidades de vecinos donde instalar un ascensor resulta inviable.
Por su parte, los ascensores unifamiliares han evolucionado hasta convertirse en soluciones perfectas para cualquier tipo de vivienda de más de un piso. Están diseñados para cumplir las normativas europeas de seguridad, ya que incorporan sensores antiobstáculos, arranques y paradas suaves, con opciones personalizables de cabina y puertas. Esta herramienta ofrece una experiencia más completa, al integrar la accesibilidad en el diseño del hogar, aportando valor añadido y comodidad a toda la familia.
Lo más importante es que estas soluciones no requieren grandes obras y pueden personalizarse según las necesidades y el estilo de cada espacio. Porque la accesibilidad también puede ser estética y discreta.
Hacia una sociedad inclusiva
Eliminar las barreras arquitectónicas debería percibirse como una responsabilidad colectiva. La verdadera inclusión se construye cuando todos los entornos, tanto públicos como privados están pensados para todos. Y, como sociedad, aún tenemos camino por recorrer.
Por su parte, las administraciones públicas deben seguir reforzando las normativas de accesibilidad y apoyando la adaptación de viviendas y edificios. No obstante, también es fundamental que los ciudadanos y las comunidades de propietarios tomen conciencia de la importancia de actuar. Hacerlo no solo mejora la calidad de vida de quienes más lo necesitan, sino que convierte los espacios en lugares más seguros y humanos.
En definitiva, apostar por la accesibilidad es apostar por la igualdad. Porque un mundo sin barreras no es solo más justo, sino también más inteligente.
Artículo escrito por:
Jordi Gracia
Director comercial
Stannah España