Infraestructuras que limpian el aire: de la innovación a la responsabilidad urbana

fotocatalisis

Durante décadas, las infraestructuras han sido concebidas como sistemas pasivos: soportan el tráfico, conectan territorios, estructuran nuestras ciudades. Sin embargo, en un contexto marcado por la emergencia climática y sanitaria, esta visión empieza a quedarse corta. Hoy, el reto es construir de forma que las propias infraestructuras contribuyan activamente a mejorar el entorno en el que se configuran.

La calidad del aire es uno de los grandes desafíos contemporáneos. En septiembre de
2021 la Organización Mundial de la Salud actualizó y redujo drásticamente los umbrales
de salubridad ambiental máximos permitidos en espacios exteriores, debido a los graves
efectos que provoca la mala calidad del aire en la salud de las personas. El umbral de
seguridad de los dióxidos de nitrógeno pasó de 40 μgr por metro cúbico de aire a tan
solo 10 μgr. También se redujeron los umbrales máximos de partículas en suspensión de
PM10 y PM2,5. Con estos nuevos criterios, la población afectada por la contaminación en
España pasa automáticamente de 7 a 33 millones: cerca del 70% de los españoles están
respirando aire nocivo para la salud.

En este escenario, la innovación en materiales y soluciones constructivas adquiere un
papel protagonista. Entre ellas, la fotocatálisis emerge como una tecnología con
capacidad real de transformar el papel de las infraestructuras. La fotocatálisis es una
tecnología innovadora, aplicable sobre activos del transporte, tales como pavimentos,
elementos de contención, sistemas de drenaje superficial, túneles, estructuras,
señalización horizontal o paramentos de las edificaciones de los centros de
conservación, por citar tan solo algunos. Es una tecnología que permite degradar
contaminantes en aire, mediante procesos de oxidación avanzada, gracias a
nanomateriales fotocatalíticos (normalmente dióxido de titanio) y a la radiación
ultravioleta (luz natural o artificial).

El cambio de paradigma es relevante: el pavimento deja de ser una superficie inerte para
convertirse en un agente activo en la mejora de la calidad del aire. Este enfoque abre una
nueva dimensión en el diseño urbano, donde cada elemento constructivo puede aportar
valor ambiental más allá de su función estructural.

 

Guía Práctica para el diseño, ejecución y control de pavimentos fotocatalíticos

Pero la clave no está únicamente en la tecnología, sino en su correcta implementación.
Uno de los principales retos de la innovación aplicada a infraestructuras ha sido,
históricamente, la distancia entre el laboratorio y la realidad. En este sentido, la reciente Guía Práctica para el diseño, ejecución y control de pavimentos fotocatalíticos supone un
paso decisivo: no solo recoge marcos normativos y fundamentos teóricos, sino que
sistematiza años de investigación, ensayos y aplicaciones reales en condiciones de
explotación. En definitiva, una síntesis de las conclusiones de todos los avances que se
han llevado a cabo en los últimos años. El autor, David Almazán, ingeniero de caminos,
canales y puertos, es Presidente de la Plataforma Tecnológica de Fotocatálisis
(www.ptfotocatalisis.es), entidad sin ánimo de lucro que cuenta con apoyo de la Agencia

Estatal de Investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Es
también adjunto a la Dirección Técnica de la empresa Eptisa, Servicios de Ingeniería.
Esta aproximación práctica es esencial. La eficacia de los tratamientos fotocatalíticos
depende de múltiples factores: desde la correcta caracterización de los contaminantes
presentes, hasta las condiciones climáticas, la radiación solar o el estado del soporte
sobre el que se aplica el tratamiento. No se trata, por tanto, de una solución universal,
sino de una herramienta que requiere criterio técnico, planificación y control y
seguimiento.

Además, su potencial no se limita a la descontaminación. La tecnología fotocatalítica
puede aportar beneficios adicionales como propiedades autolimpiantes (cuando se aplica
sobre envolventes de edificación), mejoras en la durabilidad y el comportamiento
mecánico de los firmes e incluso mejoras en materia de seguridad vial, lo que introduce
nuevas variables en la ecuación económica y de mantenimiento de las infraestructuras.

 

Ciudades sostenibles

Todo ello invita a replantear el papel de la ingeniería civil y la arquitectura en el contexto
actual. Si tradicionalmente el foco se situaba en la eficiencia estructural y económica, hoy
resulta imprescindible incorporar indicadores ambientales y de salud pública en la toma
de decisiones.

La transición hacia ciudades más sostenibles no depende únicamente de grandes planes
estratégicos o políticas globales. También se construye desde lo tangible: desde el
pavimento que pisamos, la carretera que transitamos o el espacio urbano que habitamos
a diario.

En este sentido, tecnologías como la fotocatálisis no deben entenderse como soluciones
aisladas, sino como parte de una nueva generación de infraestructuras capaces de
interactuar con su entorno. Infraestructuras que no solo ocupan espacio, sino que lo
mejoran.

Porque, en última instancia, innovar en este ámbito forma parte del compromiso con
ciudades más saludables.

Artículo escrito por:
David Almazán Presidente Asociación Ibérica de la Fotocatálisis