Vivienda colectiva: la eficiencia empieza por conocer lo que se consume

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En Sevilla, un innovador edificio de co-living integra medidores individuales y control automatizado para que cada residente pague según su consumo real, fomentando ahorro y sostenibilidad sin sacrificar confort.

Lo que consume cada hogar de un edificio de viviendas suele ser invisible hasta que llega la factura, y para entonces el residente ya no puede relacionar ese importe con la tarde en que dejó el aire acondicionado encendido con la ventana abierta. En vivienda colectiva, y sobre todo en vivienda pública en alquiler, que esa información exista depende de una decisión que se toma muy pronto, cuando se proyectan las instalaciones del edificio. 

 

Hacer visible el consumo

La idea de que el usuario solo reduce lo que puede medir está asumida por la normativa europea de eficiencia energética, que en España se tradujo, para las instalaciones térmicas centralizadas, en el Real Decreto 736/2020 y en la obligación de instalar contadores individuales siempre que sea técnicamente viable y económicamente rentable. El mismo razonamiento sirve para cualquier consumo que se reparte entre muchos usuarios, porque mientras el gasto de un edificio se divide a partes iguales nadie tiene motivos para cambiar. sus hábitos, y en cuanto cada vivienda paga lo que consume la relación entre el uso y el coste vuelve a ser directa.

En el edificio de co-living que EMVISESA promueve en el barrio de Valdezorras de Sevilla, con 92 viviendas en alquiler y tres estancias comunes, trabajamos con ese principio desde el proyecto de telecomunicaciones y control. Cada vivienda cuenta con un medidor de energía eléctrica y un caudalímetro de agua conectados a un bus KNX, cuyas lecturas recoge en tiempo real el sistema de gestión del edificio, de modo que la propiedad podría llegar a aplicar un modelo de prepago en el que cada residente paga la electricidad y el agua de su propia vivienda.

 

Controlar sin renunciar al confort

Medir el consumo permite repartirlo con justicia, pero no evita por sí solo los derroches más evidentes, como mantener la climatización encendida con la ventana abierta o en una vivienda que se ha quedado vacía, situaciones habituales en una ciudad donde el aire acondicionado funciona durante muchos meses al año. La automatización tiene aquí la misión de corregir esas situaciones sin imponer al residente cómo debe usar su casa. 

Por eso cada vivienda incorpora una pasarela KNX conectada a su máquina de climatización, que permite encenderla y apagarla desde el software del edificio. El residente conserva el control de su equipo, también a distancia, y la propiedad dispone de una erramienta para actuar sobre el derroche sin entrar en el confort de quien vive allí.

 

Una infraestructura en lugar de varias

La sostenibilidad de un edificio también se juega en la cantidad de material que se instala y en cuántas veces habrá que volver a abrir paredes y techos para renovarlo, y un bloque de viviendas convencional suele sumar redes independientes para televisión, datos, portero, control de accesos y domótica, cada una con su cableado, sus canalizaciones y su electrónica.

En Valdezorras, al tratarse de un edificio de un único propietario sin régimen de propiedad horizontal, el proyecto no está obligado a seguir el esquema de una ICT y puede unificar esas redes. Una red de fibra óptica pasiva de tipo GPON lleva los servicios hasta cada vivienda a través de divisores ópticos que no necesitan alimentación, y la señal de televisión viaja por esa misma fibra gracias a un modulador óptico, lo que suprime la red de distribución coaxial y deja un único tramo de coaxial entre el terminal de cada vivienda y su toma.

Sobre la misma red de datos funcionan internet, el videoportero IP, el control de accesos, la medición de consumos y la climatización, de modo que el edificio evita tender una red para cada servicio, con el ahorro de cable, canalizaciones y equipos que eso supone durante la obra y en cada renovación posterior.

 

Durabilidad y gestión a largo plazo

Un promotor que vende las viviendas deja de ocuparse del edificio al entregarlo, mientras que una empresa municipal que alquila gestionará el mismo inmueble durante décadas, y esa diferencia cambia los criterios con los que conviene elegir materiales y equipos. Por eso el cable del bus KNX es apantallado y libre de halógenos, cada tirada de fibra incluye una segunda fibra de reserva que permite sustituir un enlace dañado o añadir servicios sin obra, y las 96 cerraduras del control de accesos, fabricadas en acero inoxidable, se comunican de forma inalámbrica con gateways situados en los pasillos, lo que evita llevar cable hasta cada puerta.

La gestión a largo plazo también depende de la información disponible. Los servidores de cada una de las ocho líneas KNX suben los datos de consumo a la nube y los presentan a la propiedad en el software general del edificio junto con el registro de accesos, de manera que, cuando el edificio esté habitado, EMVISESA podrá seguir la evolución de cada vivienda y basar sus decisiones sobre climatización y agua en lo que cada hogar consume de verdad.

 

La eficiencia se decide en el proyecto

En vivienda colectiva, la eficiencia empieza cuando el edificio sabe cuánto consume cada hogar y puede actuar en cuanto ese consumo deja de tener sentido. Proyectar la medición y el control en la misma fase que las telecomunicaciones permite apoyarlos en una red que el edificio necesita de todas formas, sin tender redes paralelas, y convierte cada kilovatio hora y cada litro en un dato que residentes y propiedad pueden usar para consumir menos. En vivienda pública en alquiler, donde la factura de energía y agua forma parte del coste real de vivir en ella, esa eficiencia es además una forma de hacerla más asequible.

Artículo escrito por:
Pedro Núñez Ingeniero de telecomunicaciones y director Domonova