¿Cómo está afectando la falta de mano de obra cualificada a la capacidad productiva de las empresas?
La escasez de mano de obra cualificada en la construcción se ha ido acentuando durante las últimas décadas. Según la Asociación de Consultores de Estructuras de Edificación, España pasó de tener 2,7 millones de trabajadores antes de la Gran Recesión a poco más de 1,4 millones actualmente, con un déficit estimado de unos 700.000 profesionales. A nivel europeo, la Comisión Europea señala que, aunque la construcción es el segundo ecosistema industrial más grande de la Unión Europea, entre un 25% y un 30% de las empresas ven limitada su capacidad productiva por la falta de personal cualificado. A esto se suma que el sector cuenta con una plantilla envejecida, cuesta atraer a jóvenes y mujeres, y aún mantiene la reputación de trabajos exigentes e incluso inseguros, lo que dificulta renovar los equipos con talento especializado.
El impacto en la operativa diaria es enorme. Cuando faltan trabajadores especializados, cada proyecto sufre retrasos: las tareas se acumulan, los equipos existentes tienen que cubrir varias funciones a la vez y se genera una presión constante sobre todos. Por ejemplo, si falta un oficial para montar una fachada, otros compañeros deben asumir esa tarea adicional, lo que reduce la velocidad de trabajo y puede afectar la precisión o la calidad. Además, las empresas tienen que invertir tiempo en formar a trabajadores menos experimentados, retrasando aún más el avance de la obra. Esto, además de complicar la planificación, obliga a improvisar sobre la marcha, redistribuyendo tareas y priorizando lo más urgente. En conjunto, la falta de talento cualificado limita la capacidad de producción, aumenta la carga sobre los equipos, genera estrés y hace que sea mucho más difícil cumplir los plazos sin sacrificar calidad.
¿Qué exigencias nuevas están apareciendo en el sector que hacen que el problema sea más grave (normativa, eficiencia, sostenibilidad, digitalización)?
El sector de la construcción está viviendo una transformación profunda y acelerada, y eso cambia por completo lo que se espera de los profesionales y de las empresas. Actualmente, además de ejecutar bien una obra, hay que cumplir con normativas cada vez más estrictas, garantizar eficiencia energética, incorporar criterios de sostenibilidad y documentar todo de manera exhaustiva. A esto se suma la digitalización: hoy se trabaja con herramientas de diseño asistido por inteligencia artificial, registros digitales de construcción, robótica, construcción modular y procesos fuera de obra. Son tecnologías y métodos que, además de exigir formación técnica, requieren una capacidad de adaptación y aprendizaje constante.
Estas nuevas exigencias agravan claramente el problema de la escasez de talento. No se trata solo de cubrir puestos vacantes, sino de encontrar profesionales que realmente dominen estas nuevas competencias y que puedan integrarse en equipos complejos. Cuando esto no ocurre, las empresas tienen que invertir mucho tiempo y recursos en formar al personal mientras intentan mantener los plazos y la calidad de los proyectos. Además, en muchos casos, esta presión obliga a reorganizar los roles, redistribuir tareas y priorizar actividades, lo que genera tensión y hace que la gestión de los proyectos sea más complicada.
¿Qué perfiles han identificado como clave para 2026? ¿Qué habilidades concretas deberían tener esos perfiles?
De cara a 2026, el sector de la construcción necesita profesionales capaces de integrar lo digital, la sostenibilidad y la innovación en el día a día de la obra. Los coordinadores BIM y de modelado digital serán fundamentales, porque garantizan que la información fluya correctamente entre equipos y fases del proyecto, evitando errores y optimizando la planificación. Los técnicos en eficiencia energética y rehabilitación sostenible serán clave para asegurar que cada intervención cumpla criterios de sostenibilidad y normativos, reduciendo el consumo energético y mejorando el rendimiento de los edificios.
También se demandarán gestores de construcción modular y prefabricada, que conectan la eficiencia de la producción industrial con la ejecución en obra, y especialistas en automatización y robótica, capaces de implementar maquinaria inteligente y procesos semiautomatizados que aumenten la productividad y la seguridad en obra. Perfiles de control digital y trazabilidad, así como responsables de integrar de forma transversal la transición verde y digital, serán esenciales para garantizar que innovación y sostenibilidad se traduzcan en resultados reales, cumpliendo plazos, calidad y normativa.
En cuanto a habilidades, estos perfiles comparten competencias clave: planificación y coordinación de equipos multidisciplinares, dominio de herramientas digitales, conocimiento de normativas y criterios de sostenibilidad, capacidad para implementar soluciones innovadoras y tecnológicas, gestión de procesos complejos y adaptación a nuevas formas de trabajar. Son profesionales capaces de anticipar problemas, optimizar recursos y garantizar que los proyectos avanzan de forma eficiente, segura y sostenible.
¿Hay una brecha entre lo que enseñan las universidades y lo que el sector necesita?
La formación universitaria ofrece una base técnica sólida para incorporarse al sector, pero la experiencia práctica sigue siendo fundamental. Los profesionales suelen necesitar complementar lo aprendido en las aulas con conocimientos aplicados a sistemas, técnicas y procesos específicos que se usan en obra. Esta combinación de teoría y práctica es esencial para que puedan enfrentarse a proyectos reales con eficacia, adaptarse a nuevas herramientas o soluciones constructivas y desarrollar las competencias que demanda el día a día de la construcción.
Conscientes de ello, en Sto Ibérica, hemos reforzado nuestro compromiso con la formación técnica para construir talento preparado para un sector más sostenible y eficiente. En 2025, realizamos 80 sesiones formativas en toda España, con la participación de 301 profesionales, combinando teoría y práctica para que puedan aplicar directamente lo aprendido en proyectos reales. Y este 2026 seguimos apostando por reforzar la profesionalización del sector, desarrollando talento capacitado, elevando estándares y consolidando prácticas constructivas más responsables, innovadoras y competitivas.
¿Qué pueden hacer las empresas para atraer talento?
Atraer y retener talento en la construcción requiere ofrecer un entorno de trabajo profesional, seguro y tecnológicamente avanzado, donde los jóvenes vean oportunidades reales de desarrollo y crecimiento. Como comentábamos anteriormente, hoy existe una gran escasez de profesionales en el sector, y esto obliga a las compañías a diseñar propuestas claras de desarrollo profesional que combinen experiencia práctica en obra con crecimiento real dentro de la organización. También se está prestando atención a los vínculos con centros formativos y programas de aprendizaje que acercan la teoría a la práctica del sector, así como a la incorporación de perfiles con experiencia en tecnología, gestión o contextos internacionales, con el objetivo de aportar nuevas perspectivas y enriquecer los equipos.
¿Cómo influye la digitalización (BIM, construcción modular, etc.) en la necesidad de talento?
La digitalización está redefiniendo las competencias que se buscan en el sector: herramientas como BIM, drones, automatización o sistemas de control digital ya no son un extra, sino una parte integral de muchos proyectos. Como comentábamos antes, esto ha generado una demanda de perfiles híbridos que combinen conocimientos técnicos de obra con habilidades digitales, capaces de interpretar datos, coordinar procesos complejos y sacar partido de la tecnología para mejorar resultados. Sin una fuerza laboral familiarizada con estas herramientas, la adopción de tecnologías no solo se ralentiza, sino que también puede generar cuellos de botella en productividad, presupuesto y plazos de ejecución.
¿Qué cambios veremos en 2026 en la forma de trabajar en obra?
En 2026 la obra dejará de ser un espacio donde se actúa de manera y poco coordinada, para convertirse en un entorno más conectado, colaborativo y basado en datos, donde planificación y ejecución se integran de forma fluida desde el diseño hasta la entrega final. Veremos que los equipos utilizan BIM y gemelos digitales no solo para planificar, sino para monitorizar progreso, calidad y seguridad en tiempo real, con drones, sensores y plataformas unificadas de datos que reducen errores y aceleran decisiones. Asimismo, la construcción modular e industrializada habrá ganado relevancia, con componentes fabricados en taller que se ensamblan casi como en cadena, y la automatización y la IA apoyarán tanto la gestión de recursos y previsión de riesgos como tareas repetitivas en obra, permitiendo a los equipos centrarse en coordinación, control de calidad y resolución de incidencias. Todo esto hará que la obra sea un entorno más seguro, previsible y tecnológicamente avanzado, donde la profesionalización y la digitalización ya no son opcionales, sino parte de la forma habitual de trabajar.
¿Qué consejo darías a un joven que quiera entrar en el sector?
Para un joven que se incorpora al sector, lo más valioso es entender desde el primer día que la construcción es un entorno de aprendizaje constante y colaboración. No basta con saber hacer un trabajo concreto: conviene observar cómo se planifica cada proyecto, cómo se coordinan los equipos y cómo las decisiones en obra afectan al resultado final. La curiosidad, la iniciativa y la capacidad de adaptarse a nuevas formas de trabajar son cualidades que marcan la diferencia y permiten asumir responsabilidades con rapidez. Además, desarrollar habilidades de comunicación y de trabajo en equipo, así como entender la importancia de la seguridad y la eficiencia, prepara a los jóvenes para contribuir de forma real y crecer profesionalmente en un sector que sigue evolucionando y donde la proactividad y la visión global son muy valorados.