La evolución hacia edificios de consumo casi nulo está impulsando nuevas formas de diseñar y ejecutar las envolventes. En este contexto, las soluciones industrializadas y los sistemas integrados ganan protagonismo por su capacidad para mejorar la eficiencia energética, reducir errores en obra y simplificar la coordinación entre materiales y agentes
El estándar Passivhaus ha ganado presencia en España en los últimos años. ¿En qué punto real se encuentra actualmente su implantación en el mercado nacional?
El estándar Passivhaus ha pasado de ser un modelo muy vinculado a proyectos singulares a convertirse en una referencia clara dentro de la edificación de alta eficiencia energética en España. Hoy vemos una fase de consolidación progresiva, especialmente en residencial colectivo, donde promotores y proyectistas buscan soluciones que permitan reducir la demanda energética de forma estructural y medible.
Más allá del crecimiento en número de proyectos, lo relevante es que Passivhaus está ayudando a introducir una manera diferente de concebir la envolvente, basada en el control de la demanda desde el diseño. En ese sentido, está actuando como catalizador de buenas prácticas constructivas, incluso en proyectos que no buscan la certificación estricta. Este avance también está relacionado con la evolución de soluciones constructivas que ya no abordan estos requisitos de forma aislada, sino de manera integrada, permitiendo cubrir de forma más completa los principios técnicos que exige este estándar.
En proyectos de alta eficiencia energética intervienen numerosos materiales, sistemas y agentes. ¿Cuáles son hoy los principales problemas de coordinación y ejecución que se producen en este tipo de edificios?
Uno de los principales retos sigue siendo la fragmentación en la toma de decisiones. La envolvente de altas prestaciones exige que todos los elementos —aislamiento, estructura, carpinterías, barreras de estanqueidad— funcionen de manera coordinada. Sin embargo, en muchos proyectos esos elementos siguen gestionándose como partidas independientes, lo que introduce riesgos en la coherencia del sistema.
Esto se traduce en problemas habituales como discontinuidades en el aislamiento, soluciones de encuentro mal resueltas o pérdida de prestaciones en obra respecto al proyecto. Por eso, cada vez cobra más importancia el enfoque de solución integrada, donde los distintos componentes están diseñados para trabajar conjuntamente, con compatibilidad técnica y un marco común de prescripción.
Uno de los grandes retos de las envolventes de altas prestaciones es trasladar al edificio real el rendimiento previsto en proyecto. ¿Qué aspectos siguen siendo más críticos en obra, especialmente en cuestiones como hermeticidad o puentes térmicos?
Efectivamente, uno de los grandes desafíos es la traslación del diseño a la ejecución real. Los puntos más críticos siguen siendo la hermeticidad al aire, que requiere continuidad y precisión en la instalación, así como el tratamiento de puentes térmicos, especialmente en encuentros de forjados, carpinterías y elementos estructurales.
En ambos casos, no se trata únicamente del material, sino de cómo se integran y ejecutan los sistemas en su conjunto. Por eso, soluciones que incorporan sistemas completos de fachada, con componentes compatibles y definidos desde el diseño, ayudan a reducir ese gap entre proyecto y obra, asegurando mejores niveles de rendimiento real. En este sentido, estamos viendo cómo las soluciones integradas son capaces de resolver de forma conjunta hasta cuatro de los cinco principios clave del estándar Passivhaus desde la propia envolvente, lo que facilita trasladar ese rendimiento teórico a la realidad construida, como es el caso del nuevo sistema que hemos lanzado al mercado desde Saint-Gobain.
Además de la eficiencia energética, el sector empieza a poner el foco en el carbono incorporado de los materiales. ¿Está percibiendo un cambio real en la demanda hacia soluciones de menor huella ambiental?
Sí, claramente estamos viendo un cambio. Hasta hace poco, el foco estaba casi exclusivamente en la energía en uso del edificio. Hoy, sin dejar de ser prioritaria, se empieza a incorporar una mirada más amplia que incluye el impacto ambiental de los materiales.
Esto se traduce en una mayor demanda de soluciones que incorporen materias primas recicladas o de bajo impacto y que reduzcan la huella de carbono sin comprometer prestaciones. En este contexto, las soluciones de fachada ligera permiten combinar eficiencia energética con un menor impacto material, por ejemplo, a través de vidrios con alto contenido reciclado o sistemas constructivos optimizados en sus procesos de producción.
¿Qué papel cree que jugará la industrialización en la evolución de las fachadas y envolventes durante los próximos años?
La industrialización va a ser un elemento clave en la evolución de las envolventes y permite abordar dos retos fundamentales del sector, como son la mejora de la calidad y precisión de ejecución, así como la reducción de tiempos y complejidad en obras.
En el caso de las fachadas, los sistemas industrializados —especialmente las soluciones ligeras en seco— facilitan una mayor repetibilidad y control, reduciendo errores y asegurando prestaciones más cercanas a las previstas en proyecto. Además, la industrialización está muy alineada con la necesidad de ofrecer soluciones completas, donde el diseño, los materiales y la ejecución están pensados desde una lógica de sistema.
Desde la experiencia de Saint-Gobain, ¿qué errores se siguen repitiendo con más frecuencia en proyectos de alta eficiencia energética?
Se siguen repitiendo varios patrones, como, por ejemplo, diseñar la envolvente como una suma de conjuntos, en lugar de un sistema continuo, completo; no integrar desde el inicio de todos los agentes implicados (proyecto, ejecución, instalación); así como priorizar el producto sobre la solución global. Cada vez es más evidente que los proyectos de alta eficiencia requieren un enfoque distinto: no solo mejores materiales, sino mejor integración de todos ellos.