En un contexto de creciente complejidad, presión sobre márgenes y escasez de talento, el sector de la construcción se enfrenta a la necesidad de integrar la tecnología en el corazón de sus operaciones. Stratesys, firma multinacional de consultoría tecnológica, ha dado un paso decisivo al convertirse en el primer reseller autorizado de Procore en Europa.
¿Cómo se combinan las soluciones de Procore con la experiencia y servicios de Stratesys para maximizar la eficiencia en los proyectos?
La combinación de Procore con la experiencia de Stratesys permite abordar la digitalización del sector desde una perspectiva mucho más completa. Procore actúa como plataforma central de gestión de proyectos, donde se gestiona el día a día de la obra y donde realmente se genera el dato. Nuestro papel es asegurar que ese dato no se quede aislado, sino que fluya hacia el resto de la organización y se convierta en decisiones.
No se trata solo de implantar una herramienta, sino de conectar el negocio. En muchos casos, el sector ha trabajado con sistemas desconectados, donde la obra, la oficina técnica y las finanzas operaban en silos. Lo que hacemos es construir un flujo continuo de información desde la obra hasta la toma de decisiones operativa y financiera.
El resultado es que las compañías no solo ganan visibilidad, sino capacidad real de actuar: mejor coordinación entre agentes, menos retrabajos y, sobre todo, una gestión mucho más precisa del proyecto a lo largo de todo su ciclo de vida.
¿Qué ventajas aporta la integración entre plataformas de obra y sistemas corporativos (ERP) para el control de costes y la toma de decisiones?
La integración entre plataformas de obra y sistemas corporativos es, probablemente, uno de los mayores cambios estructurales que está viviendo el sector. Tradicionalmente, la ejecución del proyecto y las finanzas han estado desconectadas, muchas veces unidas mediante procesos manuales o herramientas como Excel, con desfases de días o incluso semanas.
Esto hacía que el control de costes fuera más un ejercicio de reporting que de gestión. Cuando detectabas una desviación, muchas veces ya era tarde.
La integración cambia completamente ese escenario. Permite tener una trazabilidad continua desde el presupuesto inicial hasta el cierre del proyecto, con datos actualizados en tiempo real. Esto no solo mejora la fiabilidad de las previsiones, sino que convierte el control económico en una herramienta de gestión activa, capaz de anticipar desviaciones y facilitar la toma de decisiones en el momento adecuado.
Además, elimina duplicidades y tareas manuales, alineando lo que ocurre en obra con los objetivos financieros de la compañía. Ese es el verdadero salto: pasar de reportar lo que ha pasado a gestionar lo que está pasando.
Entre las tendencias clave identificadas para 2026, ¿cuál considera más relevante para el sector y por qué?
Una de las tendencias más relevantes es la consolidación de modelos de gestión basados en datos integrados y en tiempo real. Más allá de la digitalización de procesos, el verdadero factor diferencial está en la capacidad de convertir los datos del proyecto en decisiones operativas y financieras de forma inmediata.
Aquí es importante poner el foco en un aspecto clave: el principal freno para la adopción real de la inteligencia artificial en construcción no es la tecnología, sino la falta de datos homogéneos, estructurados y fiables. Durante años, el sector ha generado mucha información, pero no siempre en condiciones que permitan explotarla.
Por eso, antes de hablar de inteligencia artificial, es imprescindible consolidar plataformas de gestión, integrar sistemas y estandarizar modelos de datos. Cuando esa base existe, la IA encaja de forma natural y permite avanzar hacia modelos predictivos: anticipar riesgos, detectar desviaciones o mejorar la planificación.
La diferencia en los próximos años no estará en quién tiene más herramientas, sino en quién es capaz de convertir mejor sus datos en decisiones.
La adopción por parte de los equipos de obra es un reto crítico. ¿Qué estrategias recomienda para garantizar que la tecnología tenga un impacto real en el terreno?
La adopción es, sin duda, uno de los factores críticos de éxito. En construcción, la transformación digital no ocurre en la oficina, ocurre en la obra. Si el jefe de obra, el encargado o las subcontratas no perciben valor en su día a día, la herramienta no se utiliza, independientemente de su calidad tecnológica.
Por eso, es fundamental que la tecnología se integre de forma natural en los procesos reales de la obra. No se trata de añadir complejidad, sino de simplificar el trabajo: reducir tareas administrativas, evitar duplicidades y facilitar la toma de decisiones.
Además, la adopción no se consigue con formación puntual. Requiere acompañamiento, soporte continuo y, sobre todo, implicar a los equipos desde el inicio para que entiendan el propósito y participen en el cambio.
La tecnología solo genera impacto cuando se traslada al terreno y se convierte en una herramienta útil para gestionar mejor el proyecto.
En un entorno con márgenes ajustados y escasez de talento, ¿cómo puede la digitalización mejorar la competitividad y sostenibilidad de las empresas?
La construcción es uno de los sectores con menor crecimiento de productividad en las últimas décadas, y en un entorno de márgenes ajustados y dificultad para captar talento, esto supone un reto importante.
La digitalización permite atacar directamente este problema. Por un lado, mejora la eficiencia operativa: automatiza tareas, reduce errores y optimiza el uso de recursos. Pero, sobre todo, permite anticipar desviaciones. El verdadero retorno de la digitalización no está en reportar mejor, sino en evitar problemas antes de que ocurran.
Desde el punto de vista de la sostenibilidad, el impacto también es claro. Cuando dispones de datos fiables y en tiempo real, puedes gestionar mejor el consumo de materiales, reducir desperdicios y tener trazabilidad sobre lo que ocurre en el proyecto. Cuando la sostenibilidad se integra en la ejecución del proyecto, deja de ser una obligación regulatoria y se convierte en una palanca de gestión: menos desperdicio, mejor uso de recursos y mayor control económico, que es donde realmente se juega el margen.
En definitiva, la tecnología permite a las compañías hacer más con menos, pero, sobre todo, hacerlo mejor: con mayor control, mayor previsibilidad y mayor capacidad de adaptación en un entorno cada vez más exigente.