¿Cómo describiría el momento actual del mercado de la calefacción residencial en Europa y qué factores están marcando su evolución?
Europa está descubriendo que descarbonizar la calefacción residencial es mucho más complejo que sustituir una tecnología por otra. Durante años se ha simplificado el debate alrededor de la electrificación, pero cuando se analiza el parque de viviendas real aparecen limitaciones técnicas, económicas y estructurales muy importantes.
Gran parte de las viviendas europeas fueron construidas en una época donde la eficiencia energética no era una prioridad. Eso significa edificios con necesidades térmicas elevadas, instalaciones antiguas y rehabilitaciones costosas. En este escenario, el mercado está evolucionando hacia una visión más pragmática: no se trata solo de incorporar nuevas tecnologías, sino de encontrar soluciones viables para millones de viviendas ya existentes.
Además, la crisis energética ha cambiado profundamente la percepción del consumidor. Hoy son más relevantes factores como la estabilidad del coste energético, la independencia frente a mercados exteriores o la resiliencia del sistema. Y eso está obligando al sector a abandonar ciertos discursos simplistas y volver a poner el foco en la eficiencia real.
¿Qué papel está desempeñando hoy la biomasa dentro del conjunto de tecnologías de climatización doméstica?
La biomasa sigue teniendo un papel muy relevante, especialmente allí donde el parque de viviendas hace difícil una electrificación total o inmediata. Pero creo que es importante hacer una distinción que muchas veces no aparece en el debate público: no se puede meter en el mismo saco una instalación moderna certificada y una chimenea abierta de hace treinta años.
Hoy el gran problema ambiental del sector no es la biomasa moderna, es el enorme parque obsoleto que todavía existe en muchos países europeos. Equipos antiguos, instalaciones deficientes, combustiones mal gestionadas o aparatos sin ningún tipo de control siguen generando una percepción muy distorsionada de la realidad tecnológica actual.
La biomasa moderna ha evolucionado muchísimo. Los niveles de eficiencia, control de combustión y reducción de emisiones actuales no tienen nada que ver con lo que existía hace dos décadas. Y precisamente por eso, el reto europeo debería centrarse más en acelerar la renovación tecnológica que en demonizar determinadas fuentes energéticas de forma generalista.
¿En qué casos la biomasa puede ser una alternativa competitiva frente a la electrificación o la aerotermia?
La aerotermia es una solución muy eficiente en edificios preparados para ello, especialmente en obra nueva o viviendas con demandas térmicas bajas. El problema aparece cuando intentamos trasladar ese escenario ideal a un parque residencial que, en gran parte, no fue diseñado para funcionar así.
En viviendas antiguas, sistemas de radiadores de alta temperatura, zonas climáticas frías o edificios con aislamiento limitado, la biomasa puede ofrecer una solución muy competitiva tanto a nivel técnico como económico. Y no solo por el coste operativo, sino porque evita en muchos casos reformas estructurales muy importantes.
A veces el debate energético parece planteado desde el laboratorio y no desde la realidad constructiva europea. El reto no es diseñar la vivienda perfecta, sino actuar sobre millones de viviendas imperfectas que ya existen. Por eso creemos que la transición energética necesita menos dogmatismo tecnológico y más capacidad de adaptación a cada contexto.
¿Qué limitaciones técnicas o estructurales siguen condicionando una electrificación total del parque de viviendas en Europa?
La principal limitación es pensar que electrificar consiste simplemente en cambiar un equipo por otro. En realidad, electrificar masivamente implica actuar sobre edificios, infraestructuras eléctricas, sistemas emisores y capacidad de red. Muchos edificios europeos siguen teniendo envolventes térmicas deficientes, instalaciones interiores antiguas y necesidades de temperatura elevadas. Adaptar completamente esas viviendas requiere inversiones muy importantes que no siempre son asumibles para el usuario medio.
Además, hay una cuestión de fondo que pocas veces se aborda con suficiente profundidad: la demanda térmica europea es gigantesca y muy estacional. Gestionar millones de viviendas electrificadas durante episodios de frío intenso plantea retos importantes a nivel de generación, distribución y estabilidad de red.
La electrificación será una parte esencial del futuro energético europeo, pero probablemente no será la única respuesta. Y cuanto antes aceptemos esa complejidad, más realista será la transición
Desde el punto de vista de sostenibilidad, ¿qué criterios son clave para evaluar el impacto real de la biomasa como fuente energética?
La sostenibilidad no puede evaluarse únicamente mirando el combustible, hay que analizar todo el sistema. El origen de la biomasa, la gestión forestal, la trazabilidad, la humedad del combustible, la eficiencia del aparato y la calidad de la instalación son factores absolutamente determinantes. De hecho, una mala combustión puede convertir cualquier sistema en ambientalmente ineficiente. Por eso es tan importante distinguir entre tecnologías modernas y equipos obsoletos.
En España, por ejemplo, seguimos teniendo un parque muy envejecido y una parte importante de instalaciones ejecutadas sin el nivel técnico necesario. Ahí está probablemente uno de los mayores retos del sector. Una chimenea antigua o de bajo rendimiento puede emitir muchísimo más que varios equipos modernos certificados funcionando correctamente.
La solución no pasa por eliminar el fuego, sino por profesionalizarlo, modernizarlo y exigir estándares técnicos mucho más elevados.
¿Cómo ha evolucionado la tecnología de los equipos de biomasa en términos de eficiencia, emisiones y automatización?
La evolución ha sido radical. Hoy los equipos modernos trabajan con sistemas de combustión altamente optimizados, regulación electrónica, control automático del aire, sensores, modulación de potencia y rendimientos muy elevados. Además, la reducción de emisiones conseguida en los últimos años ha sido enorme. Las normativas europeas han obligado al sector a evolucionar técnicamente a una velocidad muy alta, y eso ha transformado completamente el producto.
El problema es que buena parte de la opinión pública sigue asociando la biomasa a imágenes del pasado: hogares abiertos, humo visible o instalaciones rudimentarias. Pero tecnológicamente estamos hablando de otra realidad completamente distinta. Comparar una chimenea moderna certificada con una instalación antigua es comparable a comparar un vehículo actual con un coche sin sistemas de control de emisiones de hace cuarenta años
¿Qué papel están jugando las soluciones híbridas o combinadas dentro de la estrategia del sector?
Las soluciones híbridas cada vez juegan un papel más importante, permiten precisamente abandonar la idea de que una sola tecnología puede resolver todos los escenarios de forma eficiente. La combinación entre biomasa, aerotermia, energía solar o apoyo eléctrico permite adaptar el sistema a las necesidades reales de cada vivienda, optimizando costes, consumos y rendimiento global.
Además, las soluciones híbridas aportan algo que será clave en los próximos años: resiliencia energética. Dependiendo del contexto, disponer de distintas fuentes de generación térmica puede ser una ventaja estratégica tanto para el usuario como para el propio sistema energético. Probablemente el futuro europeo será híbrido antes que exclusivamente eléctrico.
Mirando a medio y largo plazo, ¿qué escenario prevé para la convivencia entre biomasa, electrificación y otras soluciones de calefacción en Europa?
Creo que avanzaremos hacia un modelo mucho más equilibrado y técnicamente realista. Europa es demasiado diversa (climáticamente, constructivamente y económicamente) como para pensar en una única solución universal.
La electrificación seguirá creciendo con fuerza, especialmente en edificios de nueva generación, pero la biomasa continuará teniendo un papel importante en rehabilitación, entornos rurales y viviendas donde otras tecnologías no siempre ofrecen la mejor relación entre inversión, eficiencia y viabilidad.
Pero más allá de la tecnología concreta, el gran reto europeo será otro: sustituir el enorme parque obsoleto que todavía existe. Ahí es donde realmente se juega una parte muy importante de la mejora ambiental del sector. El futuro no pasa por mantener sistemas ineficientes ni por plantear debates ideológicos. Pasa por renovar, profesionalizar y elevar el nivel técnico de todas las soluciones de calefacción.