La cubierta es uno de los elementos más expuestos a las condiciones climáticas y con gran influencia en la eficiencia energética de un edificio. Sin embargo, con frecuencia sigue concibiéndose como una superficie destinada únicamente a protegerlo de la intemperie.
AIFIm (Asociación Ibérica de Fabricantes de Impermeabilización) pone el foco en la oportunidad de transformar estos espacios en infraestructuras multifuncionales capaces de contribuir a la adaptación climática, la generación de energía renovable y la mejora de los entornos urbanos.
Durante décadas, las cubiertas se han diseñado principalmente para garantizar la evacuación del agua y la estanqueidad del edificio. Las limitaciones tecnológicas de cada época condicionaron soluciones constructivas que respondían a esas necesidades, mientras que los plazos de obra, los costes y las dificultades de planificación han contribuido a relegar otros posibles usos.
Sin embargo, las necesidades de las ciudades han cambiado. La cubierta ya no puede entenderse únicamente como el cierre superior del edificio, sino como una superficie estratégica con capacidad para aportar valor ambiental, energético y social.
Diversos estudios urbanísticos estiman que las cubiertas representan entre el 25 % y el 35 % del suelo urbano consolidado. Esta proporción pone de manifiesto el potencial de una superficie que, en muchos casos, permanece infrautilizada, en un contexto marcado por el cambio climático y la creciente necesidad de espacios verdes y soluciones energéticas.
De superficie pasiva a infraestructura activa
La tecnología constructiva actual permite compatibilizar la impermeabilización con otros usos y prestaciones. Entre las soluciones disponibles destacan las cubiertas verdes, que contribuyen a reducir el efecto isla de calor, retener temporalmente el agua de lluvia y favorecer la biodiversidad. También pueden incorporar huertos urbanos, que añaden una dimensión social al generar espacios de encuentro y participación comunitaria.
Las cubiertas azules, por su parte, están diseñadas para gestionar y almacenar temporalmente el agua de lluvia. En un contexto de fenómenos meteorológicos extremos, pueden contribuir a reducir los caudales punta que llegan a las redes de drenaje urbano y favorecer una gestión más sostenible del agua.
La generación de energía renovable es otra de las posibilidades que ofrecen estas superficies. La instalación de paneles fotovoltaicos permite convertir espacios tradicionalmente infrautilizados en áreas de producción energética. Su combinación con soluciones vegetales da lugar a las denominadas cubiertas biosolares, que integran generación de energía y vegetación.
Asimismo, las cubiertas de uso recreativo, mediante pavimentos flotantes, tarimas técnicas o espacios estanciales, permiten recuperar superficie útil para los usuarios. En entornos urbanos densos, estas soluciones pueden ampliar las zonas comunes de los edificios y aprovechar mejor el espacio disponible.
Diseñar hoy para los usos del futuro
La incorporación de nuevos usos no puede plantearse como una decisión de última hora durante la ejecución de la obra. Requiere planificación desde las fases iniciales del proyecto, teniendo en cuenta la capacidad portante de la estructura, la evacuación de aguas, la accesibilidad, la seguridad de utilización, el mantenimiento y la durabilidad de la impermeabilización.
Adolfo Galán, presidente de la Comisión Técnica de AIFIm, pone el acento en la necesidad de abordar la rehabilitación sostenible de cubiertas con una visión a largo plazo: partir de un diagnóstico adecuado, priorizar la durabilidad y el mantenimiento y evaluar el sistema en su conjunto, más allá de la elección de un producto. Esta perspectiva cobra especial relevancia cuando deben asumir nuevas funciones sin comprometer su prestación esencial: proteger el edificio frente al agua.
Integrar el aislamiento térmico, la producción energética, la gestión hídrica, la biodiversidad y los usos destinados a las personas exige una visión integral desde el diseño y una adecuada planificación de las soluciones constructivas.
Este potencial permite responder a algunos de los desafíos ambientales y urbanos actuales: gestionar el agua, producir energía, favorecer la biodiversidad o generar espacios de convivencia. Para hacerlo posible, es necesario anticipar los usos previstos y garantizar que las soluciones adoptadas respondan a ellos a lo largo del tiempo.
Repensar la cubierta supone, en definitiva, dejar de considerarla el final del edificio y empezar a entenderla como una nueva superficie de oportunidad para la ciudad.