Una colección de automóviles cambia la arquitectura que la rodea. Durante décadas, el garaje fue concebido como un espacio estrictamente funcional y separado de las estancias principales de la vivienda, Sin embargo, cuando los vehículos forman parte de la vida de su propietario, relegarlos a una zona secundaria rompe esa relación. Por eso, para Borgos Pieper es clave preguntarse cómo se quiere vivir la colección.
Una arquitectura que nace de cada colección
El uso define la arquitectura. Una colección destinada a la contemplación exige controlar la luz, las condiciones ambientales y la seguridad. Los vehículos vinculados al automovilismo de competición necesitan áreas de trabajo, elevadores, almacenamiento, suministro eléctrico, drenaje y extracción. Cuando la dimensión social tiene más peso, se incorporan zonas de reunión, simuladores y objetos relacionados con el mundo del motor.
El proyecto debe hacer compatibles estas actividades y establecer una jerarquía. La técnica sostiene el espacio sin determinar su carácter. Los sistemas necesarios para conservar o mantener los vehículos se integran en una arquitectura que sigue perteneciendo a la vivienda.
No existe una solución estándar. La posición de cada automóvil, la distancia desde la que se observa, la manera de aproximarse a él y su relación con las estancias habitadas se deciden a partir de la colección y de los hábitos de su propietario.
«Cuando un automóvil forma parte de una colección, el espacio no puede concebirse únicamente como un lugar donde guardarlo. Debe permitir conservarlo, trabajar con él, contemplarlo y disfrutarlo integrándolo comoparte de la vivienda, explican Nadine Pieper y Etienne Borgos, al frente de Borgos Pieper.
Vivir con el automóvil
Integrar una colección en una vivienda exige decidir cuándo aparece el vehículo, desde dónde se contempla y cómo participa en los recorridos cotidianos. Por eso, los proyectos de Borgos Pieper muestran cómo esta relación puede adoptar formas muy distintas. En Abu Dabi, el estudio ha diseñado un espacio privado que combina las exigencias del automovilismo de competición con la presentación de una colección. La arquitectura permite trabajar con los coches y ordena la manera de mostrarlos.
En la Costa Brava, dos estructuras escultóricas integradas en el paisaje forman parte de una secuencia de espacios de ocio dentro de una finca residencial. Así, el lugar destinado a los automóviles participa en la experiencia de la finca y no queda aislado como una construcción puramente funcional.
En otro proyecto, situado en el norte de España, un elevador lleva un automóvil hasta una planta superior y lo introduce en el espacio de vida diaria. La operación cuestiona la separación tradicional entre garaje y vivienda: el vehículo pasa a formar parte de la percepción del interior y puede contemplarse como una pieza de diseño.
Detrás de estos interiores aparentemente sencillos existe una compleja coordinación de estructura, accesos, iluminación, ventilación, protección contra incendios y control. El reto consiste en resolver estos sistemas sin que dominen la experiencia. La integración mantiene la complejidad técnica en segundo plano y deja que la relación entre los vehículos, las personas y el lugar dirija la experiencia.
De la vivienda al espacio museístico
En un espacio museístico, ordenar una colección también significa proponer una lectura con una dimensión educativa. Los vehículos se convierten en el punto de partida para explicar historias de diseño, industria, tecnología, artesanía y transformación social. La arquitectura del recorrido actúa como la estructura del relato.
Borgos Pieper aplica este principio en una propuesta para una colección española de más de 350 vehículos. El museo se proyectó dentro de una cantera en desuso próxima a la Costa Brava. Una rampa continua guiaba al visitante en un descenso por la historia del automóvil, de manera que la secuencia cronológica y el movimiento por el edificio coincidían. Los vehículos se distribuían sobre plataformas en voladizo frente a la pared de roca y bajo una cubierta ligera. Concebido entre el land art y la arquitectura industrial, el edificio convertía el movimiento en parte de la exposición.
Aunque las propuestas museísticas no llegaron a materializarse, formulaba con claridad una idea que también guía los trabajos residenciales del estudio: el espacio no se diseña después de decidir dónde colocar la colección. La forma de conservarla, recorrerla y disfrutarla es la que da origen a la arquitectura.
Para Borgos Pieper, la arquitectura para el automóvil no contempla sólo el garaje. sino que consiste en construir una relación significativa entre el objeto, la arquitectura y la experiencia. Busca dar forma a una cultura de diseño, ingeniería y memoria, y en crear espacios tan singulares como los objetos que contienen.
Lo que comienza como una necesidad funcional puede convertirse así en una de las partes más personales, singulares y reveladoras de un edificio.