Durante la sesión, personas expertas del ámbito económico, jurídico y ambiental han analizado las implicaciones prácticas de la taxonomía, los retos para su aplicación en España y las oportunidades que ofrece para la financiación verde y la transformación sostenible de las empresas para comprender el actual marco europeo que orienta las inversiones hacia actividades sostenibles y su impacto en el sector financiero, empresarial y de la construcción.
Dolores Huerta, directora general de GBCE ha introducido la jornada y el concepto de taxonomía como “un nuevo idioma además de una nueva herramienta, imprescindible para alinear objetivos y redirigir los flujos de capital hacia una economía justa y resiliente.
La taxonomía nos ayuda a la contribución sustancial al menos a uno de los seis objetivos ambientales, pero sin generar “daño significativo” (DNSH) a los otros 5 objetivos ambientales a la vez que se aseguran unas garantías sociales mínimas en el contexto de la actividad las Directrices de la OCDE. En concreto, en el sector de la edificación la taxonomía aplica tanto a la nueva construcción, a la rehabilitación, y la adquisición y propiedad.
Artur García, CEO de Zero Consulting, ha comentado que “uno de los objetivos de taxonomía es evitar el greenwashing. La taxonomía no es un sello de certificación, se cumplen los criterios o no se cumplen. Están definidos seis objetivos claramente han simplificado e integrado una amplitud mayor de criterios”.
Yolanda del Rey, responsable de certificación de GBCE, ha explicado la evolución de la taxonomía: ”En 2019 se inició un trabajo entre varios Green Building Councils para evaluar el estado actual del mercado en ese momento. Se constató que el mercado no estaba preparado, que necesitaba documentación e informes que no existían. Se persigue homogeneidad en toda Europa, y se ha constituido un grupo de trabajo dentro de CPEA (Climate Positive Europe Alliance). La herramienta ha continuado su desarrollo, y ha conseguido el sistema de verificación y validación de la taxonomía en el sector de la construcción por GBCE acreditado por ENAC desde mayo de 2025. La herramienta usa un índice de calidad del dato, que pondera la calidad del dato que se aporta a la plataforma”.
Eduardo Serra, presidente de CoHispania ha afirmado que “No todos los criterios ESG aportan valor. La norma ECO ECM/599/2025 modificada el pasado 12 de agosto de 2025 insta a las tasadoras a tener en cuenta los riesgos ambientales en la tasación, incorpora de forma explícita el principio de que los factores de sostenibilidad se consideren cuando sean relevantes para el valor y cuando sea técnicamente factible incorporarlos al método. La tasación determina un valor, que debe estar asentado en datos y con trazabilidad, que quede documentado que lo que se dice está acreditado. Lo que cambia esta norma es que incorpora de forma sencilla todos los factores de sostenibilidad cuando sean relevantes y que sean técnicamente factibles.
En definitiva, la taxonomía nos ayuda a ordenar las evidencias, y para ello la tasación, con la norma ECM/599/2025 tiene que convertir dichas evidencias en una exigencia metodológica y documental prudente”.
José Antonio de Pedro, Chief Development Officer de Distrito Natural ha apuntado que “El dato y la taxonomía no siempre están alineados y por eso es importante apoyarse en otras herramientas existentes para poder avanzar. Además, la mejora en eficiencia energética conlleva un retorno de la inversión a largo plazo, aunque en el primer año sea inapreciable. No existe un tipo de interés ajustado al riesgo por impacto climático del activo. Las tasadoras están en vías de incorporación de herramientas mientras que las aseguradoras no están aún ajustadas a estos riesgos”.
En el cierre, Tamara Lemos, responsable de Construcción Sostenible de Triodos Bank, ha instado a “la aplicación de la taxonomía como herramienta que nos da indicaciones claras de qué y cómo medir. Desde nuestra perspectiva en Triodos Bank, la taxonomía contribuye a un sistema constructivo más sostenible alineado con la normativa europea y necesario para que los flujos de capital se reorienten hacia una economía resiliente e inclusiva”.