En un contexto marcado por el envejecimiento de la población y una creciente concienciación social en torno a inclusión, eliminar las barreras arquitectónicas ya no es solo una cuestión de normativa, sino la clave para garantizar la autonomía y calidad de vida de millones de personas.
A pesar de los avances regulatorios impulsados en los últimos años, como la aplicación progresiva de la Ley General de Derechos de las Personas con Discapacidad o la actualización del Código Técnico de la Edificación, la realidad sigue mostrando carencias importantes. Según datos recientes, alrededor del 75% de los edificios residenciales en España siguen presentando problemas de accesibilidad, y menos del 5% de las viviendas son totalmente accesibles, un porcentaje que contrasta con las más de 4 millones de personas con movilidad reducida.
“España ha avanzado en normativa, pero la accesibilidad real sigue siendo una asignatura pendiente. El parque inmobiliario ha envejecido y la falta de adaptación en los edificios son dos de los principales retos que se deben abordar”, explica Jordi Gracia, director general de Stannah España. “Adaptar los espacios a la accesibilidad física es una necesidad social y una oportunidad para mejorar la vida de millones de personas”.
En ese contexto, Stannah España, líder mundial en movilidad, propone soluciones para eliminar las barreras arquitectónicas en todos los ámbitos, con propuestas adaptadas a cada entorno:
Barreras arquitectónicas urbanas (BAU). Las BAU siguen siendo un desafío a pesar de la evolución de las ciudades hacia modelos más inclusivos. Elementos como aceras estrechas, bordillos sin rebaje o mobiliario urbano mal ubicado continúan dificultando la movilidad de muchas personas. Frente a ello, el urbanismo actual apuesta por soluciones como aceras accesibles y continuas, la eliminación de desniveles y obstáculos, la creación de itinerarios peatonales adaptados y la integración de señalética accesible. En este sentido, las administraciones públicas han incrementado la inversión en accesibilidad a través de planes de movilidad sostenible y fondos europeos, aunque la adaptación completa del entorno urbano avanza todavía de forma progresiva.
Barreras arquitectónicas del edificio (BAE). Son las que concentran gran parte de los problemas de accesibilidad, especialmente en el ámbito residencial y terciario, donde la adaptación de accesos y la eliminación de desniveles entre plantas resulta fundamental para garantizar la autonomía personal. Entre las principales soluciones, la adecuación de accesos con una anchura mínima de 90 centímetros, la instalación de rampas accesibles con una pendiente no superior al 12% y la incorporación de ascensores. Asimismo, existen alterativas como las sillas salvaescaleras o las plataformas elevadoras, que permiten adaptaciones más rápidas y menos invasivas. En este punto, Stannah España destaca la importancia de analizar cada espacio de forma individual para aplicar la solución más adecuada en cada caso.
Barreras arquitectónicas del transporte (BAT). Este tipo ha disminuido en los últimos años gracias a mejoras en accesibilidad, especialmente en grandes ciudades, aunque aún persisten limitaciones importantes. Entre los principales retos destacan la existencia de estaciones sin ascensores o con accesos reducidos, las diferencias de altura entre el andén y el vehículo, y la falta de espacios adaptados en algunos medios de transporte. Ante esta situación, las tendencias se centran en la incorporación de flotas más accesibles, como autobuses de piso bajo y rampas automáticas, la modernización de infraestructuras ferroviarias y metropolitanas, y la digitalización de la información para garantizar un acceso más sencillo y universal a los usuarios.
Más allá de la accesibilidad física: la comunicación inclusiva
La accesibilidad universal también implica eliminar barreras sensoriales y cognitivas, impulsando medidas como sistemas sonoros en semáforos y ascensores, señalética adaptada y entornos digitales accesibles para garantizar la inclusión de todos los usuarios.
“La accesibilidad no es solo una cuestión física, es una cuestión de inclusión. Avanzar hacia entornos accesibles significa construir una sociedad más justa, donde todas las personas puedan desplazarse y comunicarse en igualdad de condiciones”, concluye Gracia.