Después del certificado energético llega la huella de carbono: qué cambia para quien proyecta y construye

marlo metrics

La nueva normativa europea obligará a incluir el Potencial de Calentamiento Global en los certificados de eficiencia energética de los edificios nuevos, cambiando la forma de proyectar y construir. La empresa MARLO Metrics ya ha desarrollado una plataforma para automatizar el cálculo del impacto ambiental.

Hasta ahora, cuando se hablaba de un edificio sostenible se hablaba casi siempre de lo mismo: cuánta energía gasta en calefacción, refrigeración o agua caliente. Eso es lo que mide el certificado energético que cualquiera ha visto al comprar o alquilar una vivienda, con su letra de la A a la G. 

Falta la otra mitad de la historia. Antes de que un edificio consuma su primer kilovatio, ya ha generado emisiones: fabricar el cemento y el acero, transportar los materiales hasta la obra, ejecutarla, reponer piezas durante décadas de uso y, al final, demoler y gestionar todo lo que
queda. En el sector a eso se le llama carbono embebido, y en edificios eficientes puede llegar a pesar tanto como el consumo de toda su vida útil.

 

Qué dice exactamente la norma

La Directiva Europea de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD 2024/1275) fija un calendario claro. Su artículo 7.2 establece que el indicador que resume ese impacto —el Potencial de Calentamiento Global, o PCG, expresado en kilos de CO₂ equivalente por metro cuadrado— deberá figurar en el certificado de eficiencia energética: desde el 1 de enero de 2028 en los edificios nuevos de más de 1.000 m² de superficie útil, y desde el 1 de enero de 2030 en todos los edificios nuevos.

España está incorporando el requisito al Código Técnico de la Edificación mediante un nuevo Documento Básico de Sostenibilidad Ambiental (DB-HSA), cuyo proyecto entró en información pública en noviembre de 2025. A fecha de agosto de 2026 todavía no consta publicado en el BOE. 

Las fechas europeas, sin embargo, ya están fijadas, y hay un matiz que conviene conocer: la directiva prevé que la exigencia pueda no aplicarse a los edificios cuya licencia se hubiera solicitado antes de esas fechas. Lo que activa la obligación es la fecha de licencia, no la del encargo. Entre una y otra pasan años. 

El reto no está en multiplicar, sino en tener los datos

El cálculo se llama Análisis de Ciclo de Vida, o ACV. Suena complejo, pero la operación es simple: se multiplica la cantidad de cada material por su factor de emisiones y se suma todo. El problema es de dónde salen esas dos cifras.

Para MARLO Metrics, compañía tecnológica especializada en ACV de edificios, ahí está el verdadero cuello de botella.

"Un edificio contiene miles de partidas y materiales que además van cambiando a medida que avanza el proyecto. Hoy, buena parte de esinformación todavía se recopila manualmente entre presupuestos, hojas de cálculo, fichas técnicas y bases de datos ambientales", explica Anna Delgove, cofundadora y CEO de MARLO Metrics.

Un ejemplo de lo que eso significa en la práctica: el fabricante de un tubo declara sus emisiones por metro lineal, pero el presupuesto de obra puede medir ese mismo tubo por unidades o por kilos. Cada conversión de ese tipo es una decisión que alguien tiene que tomar, anotar y poder justificar más tarde. Multiplicado por miles de partidas, y repetido cada vez que el proyecto cambia, se entiende por qué un ACV completo puede tardar semanas y por qué casi nunca se actualiza. MARLO ha desarrollado una plataforma que automatiza esa parte repetitiva. 

A partir de la documentación que ya genera cualquier proyecto de obra, estructura los materiales, realiza los cálculos y permite actualizar el resultado cada vez que el edificio cambia. El sistema propone y el técnico valida, de modo que el resultado sea trazable y defendible si alguien lo revisa.

Empezar antes de que sea obligatorio

"La obligación llegará, pero las empresas que empiecen antes tendrán algo mucho más valioso que un informe: tendrán experiencia, una metodología de trabajo y un histórico de sus propios edificios que les permitirá saber dónde están realmente sus mayores oportunidades de reducción", señala Delgove. 

El cambio regulatorio transformará también la forma de proyectar: el carbono deja de ser un cálculo de última hora y pasa a ser una variable más al decidir entre materiales, sistemas constructivos o fabricantes, igual que hoy se decide mirando el coste. Los equipos que lo incorporen antes llegarán a 2028 con criterio propio; el resto llegará con un plazo encima