Lo que comenzó hace ocho años como un estudio especializado en soluciones para pequeñas viviendas se ha convertido en una oficina capaz de desarrollar desde reformas mínimas hasta edificios de vivienda pública y grandes casas unifamiliares. Siempre con una misma idea de fondo: diseñar una arquitectura sencilla, serena y bien construida como soporte para ‘la buena vida’ de sus habitantes. Ahora ultima la entrega de su primer residencial de protección pública en El Cañaveral.
En un momento en el que la arquitectura parece debatirse entre la espectacularidad y la complejidad, MINIMO ha construido su trayectoria precisamente desde el camino contrario: simplificar para vivir mejor. Fundado en Madrid en 2018, el estudio nació para dar respuesta a una realidad muy concreta: la optimización del espacio en viviendas pequeñas. Espacios reducidos, presupuestos ajustados y necesidades cotidianas obligaban a diseñar con precisión, eliminar lo superfluo y encontrar soluciones claras, funcionales y duraderas. Aquella manera de entender la arquitectura —más sencilla, más esencial y más cercana a la vida real— terminó convirtiéndose en el ADN de MINIMO.
Hoy, ocho años después, esa misma filosofía ha permitido al estudio escalar sus proyectos desde pequeñas reformas hasta grandes viviendas unifamiliares, edificios de apartamentos y promociones de vivienda pública, sin perder nunca el objetivo: hacer una arquitectura sencilla centrada en las personas y al servicio del bienestar.
Arquitectura para cuidar de la vida
En MINIMO entienden la arquitectura como una manera de cuidar la vida. Su trabajo nace de la sencilla idea de que la buena vida comienza en los espacios que habitamos. Por eso diseñan y construyen hogares y lugares que ponen en el centro la claridad, la serenidad y la belleza cotidiana. Creen en una arquitectura que no necesita imponerse para ser memorable, sino que acompaña la vida diaria desde la luz natural, los materiales nobles, el confort bien pensado y la relación armoniosa con el entorno.
Y para ello apuestan por soluciones innovadoras, como la construcción con CLT (madera contralaminada), un sistema ágil y eficiente que permite reducir significativamente los tiempos de obra. Asimismo, una de las señas de identidad clave del estudio es la utilización de materiales naturales como la madera de abedul, un material que se ha convertido en un rasgo reconocible de sus obras, una vez finalizadas. El fin último: crear espacios donde sea posible habitar con calma, trabajar con placer y reunirse con alegría.
Dos socios, una misma visión
Detrás de MINIMO están Beatriz Almeida y Alberto Rubial, dos arquitectos que comparten una misma manera de entender el oficio. Beatriz, arquitecta por la Universidad de Navarra, cuenta con una sólida trayectoria en estudios de arquitectura de referencia en Madrid y Londres, donde ha asumido responsabilidades clave como BIM Manager. Su experiencia le ha permitido incorporar al estudio una visión precisa de la coordinación, la tecnología y el control de los procesos.
Por su parte, Alberto es arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, y acumula más de diez años de experiencia en arquitectura residencial, desarrollando proyectos tanto a través de concursos públicos como de encargos privados. Juntos han construido un estudio singular que ensalza las cualidades de un espacio, sea cual sea su tamaño, con la misma intensidad y sin perder atención al detalle, abordando el proyecto un enfoque 360. “Cuando el arquitecto, además de diseñar participa en la ejecución, se logra un control completo que permite ordenar mejor todas las fases de la obra, optimizar la toma de decisiones y garantizar una mayor coherencia entre el planteamiento inicial y el resultado final”, explican Alberto y Beatriz.
Un estudio que diseña y construye
Y este es uno de los rasgos diferenciales de MINIMO, su capacidad para integrar arquitectura y construcción. Frente a los modelos tradicionales, en los que el diseño y la ejecución transitan por caminos separados, MINIMO plantea un proceso continuo sin intermediarios, traspasos de responsabilidad ni pérdida de control. Además, para el estudio, anticipar es parte del proyecto, y por eso apuestan por sistemas constructivos innovadores, procesos coordinados y un control preciso de costes y tiempos para asegurar el coste final.
MINIMO, se articula en torno a dos líneas de trabajo. Por un lado, MINIMO.PRO es el laboratorio del estudio donde desarrollan concursos, investigación arquitectónica y proyectos de largo recorrido para explorar nuevas ideas, materiales y formas de habitar. Por otro, MINIMO.WORKS es la empresa que diseña y construye tanto reforma como obra nueva, convirtiendo las idea en proyectos reales, medibles y construidos. En vivienda colectiva pública trabaja solo la arquitectura a través de concursos, mientras que en promoción privada asume el proceso completo, tanto en el medio rural como en pequeños solares urbanos sin apenas salida comercial, en los que dotados de soluciones innovadoras crean espacios de vida atractivos para inversores y habitantes.
Del espacio mínimo a la vivienda pública
Desde su nacimiento, MINIMO ha mantenido un crecimiento constante, tanto económico como en la escala y complejidad de los proyectos desarrollados. El punto de inflexión llegó con la adjudicación de un concurso de la EMVS para proyectar un edificio de 46 viviendas de protección pública en El Cañaveral, actualmente en fase de finalización. Ese proyecto marcó un antes y un después al ampliar su campo de actuación, pero sin renunciar a la esencia que les había definido desde el principio. “Hay muchos estudios con vocación investigadora que generan ideas valiosas. Nosotros queremos formar parte de ese grupo, pero además construimos esas ideas ya que nuestra prioridad es diseñar con rigor y construir espacios que mejoraren la vida de las personas”, explican sus responsables.
Actualmente, MINIMO trabaja también la fase final de varios proyectos relevantes, entre ellos una vivienda unifamiliar en Miraflores de la Sierra, un edificio de apartamentos en la calle San Fidel y otro edificio de apartamentos en la calle Pico Cejo. Todos ellos responden a una misma idea: que la arquitectura no necesita ser más compleja para ser mejor. A veces basta con ordenar bien la luz, los materiales, las proporciones y la vida que ocurre dentro. Porque para MINIMO la arquitectura nunca ha sido solo una cuestión de metros cuadrados, sino de cómo queremos vivir dentro de ellos.