En la búsqueda constante de colaboraciones con marcas que aúnen tradición, excelencia y diseño, ha surgido este encuentro entre Mosaista, el museo y la artista y diseñadora Carlota Pereiro, quien ha reinterpretado detalles de las obras de las colecciones Thyssen en forma de mosaicos artesanales. Así, la geometría de las vanguardias y la tradición del mosaico hidráulico se funden en una colección única.
Estas baldosas se encuentran en la tienda del museo como elementos individuales de decoración y en forma de bandejas. Los murales en gran formato para proyectos a medida están disponibles en la galería Mosaista.
“Buscamos colaboraciones con firmas nacionales que cuiden la artesanía –explica Ana Cela, directora de la tienda del museo– como es el caso de Mosaista. Estas baldosas son un producto innovador en las tiendas de museos, algo que también buscamos siempre. Llevamos años trabajando con firmas como la Cartuja de Sevilla, Lladró, Loreak Mendian, Vinoselección, Santa & Cole…”.
Según Iván Alvarado, director creativo de Mosaista, “todo comenzó con la admiración por la nobleza de la baldosa hidráulica y la ilusión de crear diseños que evocaran a los grandes artistas de finales del siglo XIX y mediados del XX, pero desde una mirada contemporánea. Así nació nuestra primera colección, Artistas por los suelos en el año 2002. Ese objetivo sigue siendo el alma de nuestra filosofía y después de una larga trayectoria, la colaboración con el Museo Thyssen reaviva los inicios de Mosaista. Nuestra producción se realiza en la Comunidad de Madrid, con una fabricación de proximidad KM0, minimizamos el transporte y reducimos la huella de carbono”.
“Estoy muy contenta –dice Carlota Pereiro– de haber podido reinterpretar obras de artistas como Juan Gris, Edward Hopper o Paul Klee, y haberlas llevado a un terreno más utilitario, como es el de las baldosas hidráulicas, creando así una fusión entre arte y diseño. Llevábamos años imaginando este proyecto y por fin se ha podido hacer realidad”.
Tradición recuperada
Baldosas como estas se usaban en gran parte del mundo desde finales del siglo XIX y alcanzaron una extraordinaria difusión, pues resultaban una solución decorativa intermedia entre el trabajo artesanal y la producción industrial. La clave del éxito fue la posibilidad de reproducir de manera ilimitada infinidad de motivos a medida de la superficie que se quería cubrir, lo que permitió una diversidad extraordinaria de modelos.
Tras decaer su uso con la llegada de la construcción a gran escala, en 1979 cerró la última fábrica existente en Madrid de este tipo de baldosas. Mosaista, sin embargo, recupera en 2000 la técnica de Miguel Adrover, garantía de calidad desde el siglo XIX, y desde entonces diseña y produce baldosas hidráulicas exclusivas con materiales de proximidad en su taller, el único de baldosas hidráulicas ubicado en la Comunidad de Madrid. Mosaista ha recuperado las tradiciones, pero también las ha sabido poner al día con una audaz combinación entre artesanía y diseño, sin dejar de lado la naturaleza de las baldosas clásicas.
Como parte de la programación del festival Madrid Design Festival, el sábado 7 de marzo de 2026, se ofrece una ocasión única: la primera jornada de puertas abiertas del taller de baldosas hidráulicas Mosaista, en Arganda del Rey, una ocasión para ver estas baldosas fruto de la colaboración entre Mosaista y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.