No todos los grandes eventos generan el mismo impacto: un partido en un estadio, una carrera urbana o un recorrido institucional requieren estrategias de movilidad muy diferentes. Las grandes citas internacionales, desde el Mundial de Fútbol hasta los Juegos Olímpicos o la Fórmula 1, ponen a prueba la capacidad de las ciudades para gestionar incrementos masivos de población en periodos muy concentrados de tiempo. Durante estas semanas, la demanda de transporte, energía y servicios urbanos crece de forma significativa, tensionando infraestructuras diseñadas, en muchos casos, para un uso habitual mucho menor.
El Mundial de Fútbol 2026, que se está celebrando en 16 ciudades de Estados Unidos, México y Canadá entre junio y julio, es un ejemplo de este reto: se estima que atraerá a más de cinco millones de visitantes, concentrados en momentos y localizaciones concretas. Sin una planificación adecuada, este tipo de escenarios pueden derivar en congestión, impacto ambiental y disrupciones en el funcionamiento urbano.
Arup destaca cómo las ciudades están adoptando modelos de planificación más integrados, en los que la movilidad se coordina con el urbanismo, la tecnología y los objetivos de sostenibilidad. El enfoque ya no se limita a gestionar desplazamientos, sino a garantizar el funcionamiento global de la ciudad durante estos picos de actividad. Esto implica planificar tanto la escala metropolitana -entendiendo los orígenes de la demanda, las curvas de llegada y salida, el reparto modal y la capacidad disponible de las redes de transporte público y viario como la escala de última milla, donde se resuelve la conexión final entre el recinto, las estaciones, los aparcamientos, las lanzaderas y los principales itinerarios peatonales.
Planificación anticipada y gestión en tiempo real
Uno de los principales cambios en la organización de estos eventos es el uso intensivo de datos y herramientas predictivas. La calidad y diversidad de las fuentes de información resulta clave: datos de transporte público, tráfico, ticketing, aforos, patrones históricos de movilidad, comportamiento de usuarios y experiencias previas en eventos similares permiten entender mejor cómo funciona la ciudad antes, durante y después del evento. A partir de estos datos, se pueden construir simulaciones avanzadas y escenarios operativos que permitan anticipar patrones de demanda, identificar puntos críticos y diseñar escenarios operativos antes de que se produzcan.
Esto permite ajustar rutas, coordinar distintos modos de transporte (metro, autobús, tren o movilidad compartida) y adaptar la oferta en función de la evolución de la demanda, mejorando la capacidad de respuesta ante situaciones de alta concentración de personas. También permite anticipar las principales zonas de acumulación y planificar espacios de espera adecuados, evitando que las colas interfieran con otros flujos urbanos o con la operativa del entorno. Durante el evento, esta planificación debe apoyarse además en sistemas de monitorización y gestión en tiempo real, capaces de ajustar la operación ante cambios en la demanda, incidencias en la red o concentraciones inesperadas de personas.
Este enfoque se complementa con planes integrales de movilidad para las ciudades anfitrionas, en los que se analizan las necesidades del sistema de transporte y se definen soluciones específicas para garantizar la operativa durante el evento y reducir su impacto en el día a día. Una parte esencial de estos planes es considerar que las redes de transporte y las infraestructuras viarias no estarán vacías: residentes, trabajadores, turistas y otros usuarios seguirán desplazándose por la ciudad, reduciendo la capacidad disponible para absorber la demanda extraordinaria del evento.
Inversión e infraestructuras con impacto a largo plazo
Más allá de la gestión operativa, estos eventos impulsan importantes inversiones en infraestructuras y sistemas urbanos. En muchos casos, actúan como catalizadores para la modernización de redes de transporte y el desarrollo de nuevas capacidades de gestión.
En esta misma línea, la llegada de la Fórmula 1 a Madrid en 2026, en cuyo recinto Arup diseña varios de los principales edificios, refleja la incorporación de criterios de movilidad sostenible en el diseño de grandes eventos. El circuito urbano ‘Madring’ prevé que hasta el 90% de los asistentes acceda en transporte público, con el objetivo de reducir la presión sobre la red viaria y minimizar el impacto ambiental. Aunque estas actuaciones responden a necesidades concretas, cada vez se diseñan con una visión de continuidad, integrándose posteriormente en el funcionamiento habitual de la ciudad.
Hacia modelos urbanos más resilientes
La gestión de grandes eventos está impulsando un enfoque más amplio en la planificación urbana, en el que la movilidad se integra con otras variables como la tecnología, la sostenibilidad o la organización del espacio.
Esto se traduce en el desarrollo de redes más flexibles, el uso de herramientas digitales para la toma de decisiones y la creación de infraestructuras capaces de adaptarse a diferentes escenarios de demanda. En función del tipo de evento, las soluciones pueden variar significativamente: desde reforzar estaciones y servicios de transporte público alrededor de un estadio, hasta gestionar cierres dinámicos en una carrera ciclista, una prueba de Fórmula 1 o un recorrido institucional por la ciudad.
Aitor Eriz, Senior Moblity Consultant de Arup en España señala: “El reto ya no es solo mover personas, sino diseñar ciudades capaces de responder a situaciones de alta complejidad sin perder su funcionalidad. No se trata únicamente de llevar asistentes hasta un recinto, sino de proteger la movilidad cotidiana, ordenar el espacio público y gestionar la convivencia entre visitantes, residentes y servicios urbanos. Estas citas permiten testar soluciones que posteriormente pueden aplicarse en la gestión cotidiana, contribuyendo a mejorar su eficiencia, conectividad y resiliencia a largo plazo”.