Entre 2024 y 2029, el Building Management System (BMS) deja de ser una herramienta opcional orientada a eficiencia o confort y pasa a convertirse en un elemento verificable de cumplimiento normativo en edificios no residenciales.
La revisión de la EPBD y, en particular, la BACS Compliance Verification Checklist for Non-Residential Buildings, establece criterios concretos que deberán poder demostrarse ante inspecciones: no basta con disponer de un BMS instalado, sino que este debe cubrir, medir, registrar y accionar sobre los principales sistemas técnicos del edificio.
Este cambio desplaza el foco desde la visualización de datos hacia la capacidad operativa real del sistema.
La obligación de verificación BACS aplica a edificios no residenciales que superen:
290 kW de potencia efectiva en sistemas de calefacción, refrigeración o sistemas combinados antes del 31 de diciembre de 2024.
70 kW de potencia efectiva antes del 31 de diciembre de 2029. La potencia se calcula sumando todos los generadores, tanto centrales como terminales, independientemente de su ubicación (sala técnica o espacio ocupado).
Este punto es crítico: muchos edificios superan los umbrales sin tenerlo identificado formalmente.
Los tres pilares reales del cumplimiento BACS
Cobertura real: control efectivo del edificio
El primer filtro es cuantitativo y no admite interpretaciones. El BMS debe controlar al menos el 80%:
De la potencia efectiva de calefacción.
De la potencia efectiva de refrigeración.
De la potencia eléctrica de ventilación.
Y ese control debe extenderse al 80% de la superficie ocupada de forma continua.
No basta con controlar solo equipos centrales. Equipos terminales, unidades independientes y zonas ocupadas deben estar integradas o, como mínimo, monitorizadas para computar dentro de ese 80%.
Muchos BMS existentes no cumplen por diseño o por tecnología, sino por falta de alcance funcional.
Datos que sirven: monitorizar, registrar y analizar
El segundo bloque se centra en los datos, pero no en su volumen, sino en su utilidad operativa. El BMS debe ser capaz de:
Integrar consumos energéticos de HVAC con resolución mínima horaria.
Almacenar históricos para análisis comparativos.
Detectar desviaciones frente a: periodos anteriores, valores de referencia, rendimientos de diseño (COP, ∆T, etc.).
El checklist exige evidencias claras: informes, gráficos, comparativas y trazabilidad de datos, no capturas aisladas. Un BMS que muestra valores en tiempo real pero no registra ni permite análisis histórico, no cumple.
Operación con criterio: del dato a la acción.
El tercer bloque es el más exigente y, a la vez, el más ignorado en muchos proyectos. El BMS debe permitir y demostrar:
Detección automática de: fallos de equipos, pérdidas de eficiencia, overrides prolongados.
Gestión centralizada de alarmas.
Benchmarking energético.
Comunicación efectiva con el responsable de operación.
IInteroperabilidad entre sistemas (HVAC, zonas, generadores, etc.).
Además, debe existir un proceso operativo: no solo alarmas, sino evidencia de que esas alarmas se usan para accionar mejoras. La EPBD evalúa el BMS como herramienta de gestión, no como software pasivo.
El enfoque AURA
En AURA, los proyectos de BMS se conciben desde el inicio con un doble objetivo:
• Cumplir los requerimientos funcionales del usuario.
• Alinear el diseño, la arquitectura y la operación con las exigencias regulatorias presentes y futuras.
Esto incluye experiencia práctica en:
• Definición de coberturas reales.
• Estructuración de datos útiles.
• Configuración de alarmas, análisis y procesos operativos.
• Adaptación a nuevas exigencias EPBD y normas asociadas.