Según el análisis de sus expertos, la evolución tecnológica, los nuevos riesgos operativos y las crecientes exigencias normativas impulsarán una transformación profunda en la gestión de la seguridad física y preventiva.
Convergencia entre seguridad física y ciberseguridad
La integración entre los sistemas tradicionales de seguridad y los entornos digitales continúa acelerándose. Las organizaciones avanzan hacia plataformas unificadas que permiten supervisar amenazas físicas y lógicas de forma conjunta, reforzando la resiliencia frente a incidentes cada vez más complejos y coordinados.
Analítica avanzada e inteligencia artificial explicable
La inteligencia artificial se consolida como una herramienta clave para identificar comportamientos anómalos, anticipar riesgos y detectar fallos operativos. En 2026, crecerá especialmente la adopción de modelos de IA que permiten comprender y validar las decisiones del sistema, facilitando respuestas rápidas y fundamentadas por parte de los equipos de seguridad.
Sensores inteligentes y monitorización en tiempo real
El despliegue de sensores IoT más precisos y eficientes permitirá una supervisión continua de entornos, maquinaria y condiciones ambientales. La conectividad 5G y LPWAN hará posible una gestión de alertas más ágil y una intervención temprana ante eventos críticos.
De la protección de activos a la protección de las personas en entornos de obra
La seguridad en construcción da un paso más allá de la vigilancia de equipos y materiales para incorporar un objetivo crítico: reducir la exposición de los trabajadores a amenazas externas y situaciones de riesgo operativo.
Las plataformas de seguridad avanzadas permiten hoy identificar accesos indebidos, movimientos sospechosos o situaciones fuera de lo normal que pueden derivar en robos, agresiones o incidentes en obra. En 2026, la tecnología se consolida como una herramienta clave para proteger no solo lo que hay en una obra, sino a quienes trabajan en ella.
Infraestructuras críticas como nuevo objetivo del crimen
En 2026, el foco del crimen se desplaza progresivamente de la obra tradicional hacia infraestructuras críticas que sostienen la economía y la transición energética, como parques solares y eólicos, centros de transformación eléctrica, redes de distribución, plataformas logísticas y nodos de transporte.
Estos activos concentran grandes volúmenes de materiales de alto valor, operan en entornos muchas veces aislados y tienen un impacto sistémico si se ven interrumpidos.
Para el crimen organizado, ya no se trata solo de sustraer bienes, sino de explotar puntos vulnerables dentro de infraestructuras esenciales, donde una intrusión puede provocar desde pérdidas económicas significativas hasta interrupciones en servicios clave.
“2026 será un año de consolidación digital y de madurez en el enfoque preventivo de la seguridad. Las organizaciones que combinen tecnología avanzada con procesos bien definidos y equipos formados estarán mejor preparadas para afrontar un entorno de amenazas cada vez más exigente”, concluye González