El urbanismo del futuro empieza por pensar en las necesidades de las personas

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Con motivo del Día Mundial del Urbanismo, que se celebra el próximo 8 de noviembre, cobra especial relevancia la reflexión sobre cómo deben crecer las ciudades y qué papel desempeña la planificación en la calidad de vida de sus habitantes. El reto va más allá de dar respuesta a las necesidades de vivienda: implica diseñar entornos urbanos que permitan vivir mejor, teniendo en cuenta aspectos tan cotidianos como la movilidad, la proximidad de los servicios, el acceso a espacios de ocio y naturaleza o las oportunidades de relación y convivencia.

Según el informe World Urbanization Prospects 2025 de Naciones Unidas, las ciudades acogen ya al 45 % de los 8.200 millones de habitantes del planeta. Además, la organización prevé que dos tercios del crecimiento de la población mundial de aquí a 2050 se producirán en zonas urbanas. Asimismo, Naciones Unidas señala que solo el 40 % de los habitantes de las ciudades tiene fácil acceso a espacios públicos abiertos, lo que pone de manifiesto la importancia de incorporar estos espacios en el diseño urbano.

En este contexto, la planificación de los nuevos barrios adquiere un papel fundamental. No se trata únicamente de construir viviendas, sino de configurar entornos donde los distintos usos estén conectados y faciliten las actividades cotidianas.

 

La calidad de vida empieza en el diseño del barrio

Esta concepción integral del urbanismo es uno de los principios que articulan SOLANA, el desarrollo situado entre Valdebebas y La Moraleja, que abarca más de un millón de metros cuadrados. Una oferta residencial con 1.393 viviendas de diversas tipologías, busca dar respuesta a distintos perfiles y necesidades de acceso a la vivienda.

Sin embargo, un barrio no se define únicamente por sus edificios. Los espacios públicos y las zonas verdes desempeñan un papel esencial en la forma en que las personas utilizan y disfrutan de su entorno. 

Este desarrollo contará con 292.000 metros cuadrados de zonas verdes, además de corredores peatonales, carriles bici y actuaciones de reforestación destinadas a favorecer la continuidad ecológica con el Parque Forestal de Valdebebas-Felipe VI.

La presencia de la naturaleza en los entornos urbanos tiene también una dimensión relacionada con la salud y el bienestar. La Comisión Europea, en su Estrategia de la UE sobre la Biodiversidad para 2030, destaca que los parques, jardines y otros espacios verdes contribuyen al bienestar físico y mental, ayudan a reducir la contaminación y ofrecen protección frente a fenómenos climáticos como las olas de calor y las inundaciones.

 

Del diseño urbanístico a la transformación del territorio

La movilidad y la proximidad de los servicios son otros dos factores determinantes para construir barrios habitables. El diseño de SOLANA contempla itinerarios peatonales y ciclistas que facilitan los desplazamientos dentro del ámbito y favorecen alternativas al vehículo privado. A ello se suma una oferta comercial y de servicios de proximidad, distribuida entre establecimientos situados en las plantas bajas de los edificios que rodean el eje central y dos parcelas destinadas específicamente a uso comercial. Esta organización busca acercar parte de las actividades cotidianas a los futuros residentes y favorecer la vida de barrio.

La sostenibilidad es otro de los criterios incorporados desde la planificación. El desarrollo contempla sistemas de drenaje sostenible destinados a captar, almacenar y gestionar las aguas pluviales, integrando estas soluciones en el diseño del espacio urbano y favoreciendo una gestión más eficiente de los recursos naturales.

“Cuando planificamos un nuevo barrio tenemos que pensar en cómo se va a vivir en él. La distribución de los espacios, las posibilidades de desplazamiento, la cercanía de los servicios o la presencia de zonas verdes no son elementos independientes, sino aspectos que deben responder a una misma visión de ciudad”, señala Eduardo Campo, gerente de la Junta de Compensación de SOLANA.